Opinión · Posos de anarquía

La sede del PP, sin banderas

La sede del PP desierta. REUTERS/Juan Medina

Por hablar en los términos en los que la derecha y la extrema-derecha acostumbran a arengar a sus huestes, compatriotas, España vota izquierda. Si tras el resultado de las elecciones andaluzas fui claro al señalar que Andalucía votó derecha, ahora lo justo subrayar que España ha votado en sentido contrario. ¿La diferencia? Que mientras el PSOE de Susana Díaz se desangró pese a ganar, el de Pedro Sánchez -al que se quiso ventilar Díaz cuando se amotinó- se ha fortalecido. Y el licenciado Casado, por su parte, ha obtenido el peor resultado de toda la historia del PP.

Pablo Casado, apadrinado por José María Aznar, será recordado como el líder que obtuvo los peores resultados del PP, con una fuga de votos de más de 3,5 millones. La debacle se ilustra a la perfección con dos hitos: por un lado, su director de campaña Javier Maroto ni siquiera consigue escaño y, por otro, la militancia popular demostró que es de la misma calaña que su partido, dejando la sede de Génova desierta.

Las imágenes de la sede pagada con dinero B sin un alma, sin una banderita, sin una militancia que abrigara a su líder viene a confirmar la naturaleza de la derecha; una imagen, además, que se replicó en las sedes locales de cualquier provincia. Mientras, algunos de los pesos pesados del PP reclamando volver. ¿Cuántas veces ha ido y ha vuelto ya este partido? ¿No había vuelto con Casado? Uno ya se pierde con los viajes que realizan, especialmente cuando su estación final es la derrota.

El varapalo también se extiende a Ciudadanos, que pese a su crecimiento queda muy lejos de la presidencia y continúa sin superar al PP. No hay autocrítica por parte de Albert Rivera, que sólo ve victoria en lo que ha sido un fracaso para su objetivo principal: desalojar al PSOE. Será parte del refuerzo positivo que le enseñan en las sesiones de coaching.

Vox, por su parte, se estrella. Sus 24 escaños quedan lejísimos de sus expectativas, que habían llegado a barajar alcanzar los 70. La España viva les ha mandando un mensaje claro: no los quieren gobernando, ni siquiera siendo decisivos en el Congreso. Y otro mensaje de propina: los independentistas crecen, gracias a su mensaje y al de PP y Cs. ERC, PNV y EH Bildu crecen, cuentan con más presencia en el Congreso y superan los escaños de Vox. Santiago Abascal y las doctrinas de Steve Bannon se van por el retrete.

En lo que a Unidas Podemos (UP) se refiere, hay que ser claros a la hora de hablar también de fracaso. Elección a elección la confluencia sufre una hemorragia de votos. Mucho tienen que analizar, aunque es cierto que en esta ocasión el sabor es agridulce por ser decisivos para un Gobierno de izquierdas. Sin embargo, las negociaciones se anuncian intensas, porque con una diferencia tan abultada, algo me dice que PSOE no estará dispuesto a tener ministr@s de UP; con su apoyo le bastará. Va a ser una prueba de fuego para la altura de miras de ambos, mientras la derecha se lame las heridas e intenta rearmarse.

Finalmente, una última reflexión: el índice de participación, que saltó hasta el 75,75%, respecto al 66,48% de 2016. Son casi 4 millones de votantes más, gracias a los cuales se ha parado a la extrema-derecha, tal y como solicitaba en mi última columna. Con todo, más de 8 millones de personas sin votar son muchas, por lo que de cara a las autonómicas y municipales de mayo sería deseable que se le diera la vuelta a la tortilla. Si estas elecciones generales han demostrado algo es que cuanto más alta es la participación, menos terreno le queda a la derecha.