Opinion · Posos de anarquía

Las contradicciones del Banco de España

Fachada del Banco de España. /ARCHIVO DE EUROPA PRESS

El Banco de España lo ha vuelto ha hacer: de nuevo, publica su imagen del país mirándolo por encima del hombro, con esa miopía que le impide ver la realidad y que le hace caer en contradicción tras contradicción. La primera en la frente: ante la falta de ahorro y el aumento de crédito, asegura que las familias pobres viven por encima de sus posibilidades. Se equivoca: tan sólo sobreviven.

Muchas de las familias bajo el umbral de la pobreza de las que habla el Banco de España (BdE) deberían estar muertas si vivieran de acuerdo a sus posibilidades o, por ser más precisos, a las posibilidades que les son impuestas por el empresariado y los poderes públicos. Es imposible que una familia de cuatro personas pueda vivir con un sueldo por debajo de los 800 euros. Y sucede.

A pesar de ello, el BdE fue una de las primeras y más potentes voces contra la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) que, a decir verdad, sigue siendo un sueño para buena parte de la clase trabajadora, que ni siquiera se acerca a este nivel de ingresos. En un momento en el que se rompen tantas lanzas por ciertos empresarios, ¿han visto alguna vez a la patronal poner en marcha alguna campaña, no ya de fiscalización, sino de sensibilización de que sus miembros cumplan con la ley? Ni la han visto ni la verán.

Leer el informe del BdE es sumergirse en un ejemplo de objetividad impostada, dado que este organismo es parte activa de esa desigualdad. ¿Acaso no recuerdan su férrea oposición a limitar el precio del alquiler? Cuando se publica este análisis, el BdE trata de tomar distancia como si fuera ajeno al dibujo que nos muestra y, en realidad, es uno de los actores que sostiene los pinceles, contribuyendo a elaborar esta serie de pinturas negras.

Comienza uno a estar harto de este organismo, tan profundamente desprestigiado después de que pasara por allí Miguel Ángel Fernández Ordóñez y la intervención de Bankia… harto de quienes se nos presentan como salvadores de la sociedad cuando, en realidad, son parte activa de la miseria que la devora.