Opinión · Posos de anarquía

¿Y si matáramos a los caseros?

Ya se ha alcanzado la cifra de 1.000 mujeres asesinadas por sus parejas desde que existe el registro, iniciado en 2003. En realidad son muchas más, pero la cifra oficial debería ser lo suficientemente contundente para que no hubiera el menor atisbo de duda de que esta violencia es una lacra a extinguir. No es así, todavía se oyen voces que intentan blanquear estos asesinatos y que hablan de “ideología de género”. ¿Se imaginan si en lugar de matar a mujeres por el mero hecho de ser mujeres, matáramos a los caseros?

Los desahucios por impago del alquiler se han disparado, mientras que los derivados de las ejecuciones hipotecarias se desploman casi un 20%. La codicia, las ansias de enriquecimiento desmedido por parte de las personas arrendatarias han provocado un serio problema no sólo de habitabilidad, sino de empleo, pues la burbuja del alquiler se ha trasladado también a los locales comerciales. Decenas de miles de emprendedores echan el cierre o ni siquiera pueden arrancar sus negocios por precios de alquiler disparatados.

En esta coyuntura, imaginen que todas las personas afectadas por esta avaricia de quienes arriendan viviendas o locales tiraran por la calle de en medio, asesinando a sus caseros y caseras. A diferencia de la violencia machista, no se les privaría de la vida por su género, sino por su avaricia, es decir, que podrían salvarse fácilmente estableciendo precios justos para sus inmuebles. Así de fácil.

Comenzarían a caer como moscas, porque son tantas las personas que arriendan a precios desorbitados y generan tanto odio, provocan tanta miseria en las familias, que tras el primer asesinato, se produciría un efecto dominó. ¿Saben cuál es la diferencia respecto a lo que sucede con la violencia machista? Que no haría falta que se alcanzaran los diez asesinatos de caser@s para que los poderes fácticos lanzaran la alarma social. Personas físicas que arriendan, directivos de entidades bancarias o de fondos buitres se echarían a temblar y, antes de cesar en sus prácticas mezquinas de enriquecimiento a base de la miseria de terceros, buscarían otra salida y, lo peor de todo, es que el Estado se la daría.

¿Qué hace falta para que se dé una respuesta similar a la violencia de género? ¿Por qué cuesta tanto acallar las voces de indeseables que niegan que se está matando a las mujeres por el mero hecho de serlo? Al menos, con la descabellada -e injustificada- teoría que expongo, se mejoraría la habitabilidad en las ciudades pero, ¿qué se gana con la locura feminicida?