Opinion · Posos de anarquía

Jurar cargos sin honor

El sábado pasado se constituyeron miles de ayuntamientos en toda España y asistimos, de nuevo, a la aberración que supone para un estado aconfesional que la jura de los cargos se haga en muchos casos jurando sobre la  Biblia en lugar de en la Carta Magna. Lo más curioso es que quienes más lo hacen son los que se hacen llamar «constitucionalistas».

«Juro/Prometo, por mi conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones del cargo de concejal con lealtad al Rey, y guardar y hacer guardar la Constitución como Norma Fundamental del Estado». Esa es la frase lapidaria que se repitió en miles de consistorios hace dos días. En unos casos, jurando sobre la Biblia y, en otros, prometiendo sobre la Constitución.

Podría dedicar líneas y líneas destacando el despropósito que supone la presencia de la religión -en concreto, de una sola religión- en un acto oficial de un estado aconfesional, pero me parece una pérdida de tiempo que sólo abrirá la espita de la esquizofrenia católica y toda suerte de argumentos huecos.

Me centraré más en, independientemente de que se jure o prometa, el valor del acto en sí mismo. ¿Qué sucede cuando quien toma posesión del cargo «por mi conciencia y honor» carece de esto último? Es como asumir, como de hecho hacen muchos representantes, que se pasarán por el arco del triunfo la Carta Magna y, con ella, a la ciudadanía más desfavorecida.

¿Qué honor puede haber en un partido como Ciudadanos? Ya saben, el partido que vino a regenerar la política y que, en cambio, no ha dudado en abrazar a PP y la extrema-derecha de Vox en muchos municipios para desplazar a las fuerzas de izquierda que habían ganado las elecciones. ¿Qué honor tiene Inés Arrimadas, la que huyó como alma que lleva el diablo de Catalunya incapaz de haber formado gobierno pese a imponerse en las urnas, y nos toma el pelo en hora de máxima audiencia?

Porque anoche, durante la entrevista con Ana Pastor, Arrimadas hizo eso: reírse de nosotros y nosotras en la cara. Hay que admitir que tiene más coraje que su líder, pero en cotas de desfachatez andan parejos… como en deshonor. ¿O acaso no se dan por aludid@s cuando el modelo al que intenta copiar Albert Rivera, es decir, Emmanuel Macron, le pega media docena de rapapolvos por su bajeza moral al pactar con los neofascistas? ¿Qué honor tienen los miembros de Cs que, en lugar de rendirse a la evidencia, de hacer caso a buena parte de sus fundadores -los que han criticado duramente a Rivera-, lo que hacen es castigar a Valls?

El juramento o la promesa de quienes desde el partido naranja han pactado con Vox, queriendo además insultarnos con sus continuas negativas, no vale más que las deposiciones que cada día recojo de mi amigo perruno Tolón. Seguir negando sus acuerdos con los de Abascal cuando hasta, incluso, cederán a la extrema-derecha juntas de distrito en Madrid, es otra prueba más de su deshonor.

En cuanto a su conciencia, entendida ésta como su sentido moral, pueden dejarla en una esquina, que me sobran bolsitas para recogerla también y arrojarla a la basura junto con las ‘propinas’ del bueno de Tolón, que siempre ha sido un perro listo: Cuando vivía en Madrid, no pasaba una sola vez que no camináramos frente al Congreso y parara en seco para hacerme sacar una de estas bolsitas. Y la cosa, viendo al partido regenerador, no ha mejorado.