Opinion · Posos de anarquía

Cinco años enchufado

Hoy se cumplen cinco años del enchufe de Felipe VI como Jefe de Estado. ¿Sus méritos? Ninguno, más allá de ser Borbón. Desde 2015, el barómetro del CIS no ha tenido el coraje de preguntar a la ciudadanía, temerosa de que los escándalos de toda índole que rodean a la Casa Real y el pírrico beneficio que reporta a España -si es que aporta alguno- afecten al sentir popular.

Dado el silencio del CIS -que parece que podría volver a preguntar, precisamente, con motivo del quinto aniversario del enchufe-, la prensa del corazón saca sus propias encuestas. Imaginen el resultado sin necesidad de consultarlo: ¿se imaginan de una república para este tipo de publicaciones? Sería el adiós de páginas y páginas analizando la barba del Borbón, los zapatos de Ortiz, el mohín de la infanta o cuántas niñas en España se llaman ‘Letizia’ con ‘z’.

Sí, lo han adivinado: según la prensa del corazón, España es monárquica… algo que ni siquiera en su propia encuesta está tan claro, porque aplicando el margen de error hay un virtual empate casi al 50%. Viendo cómo titulan a favor de los Borbones o cómo califican a los nacionalismos como «el enemigo», no cuesta mucho imaginar la objetividad de las preguntas formuladas en la encuesta.

Ante la intolerable ausencia de una encuesta del CIS sobre el modelo de Estado -y no sobre si la reina es elegante, como llegó a preguntar en el pasado-, hay quien se abraza a la prensa del corazón que no duda en enunciar «España es monárquica y sobre todo felipista». De ese modo, trata de pasar la mano por el lomo a quienes diseñaron la operación de abdicación de Juan Carlos I, cercado por los escándalos, bien arropadito por el bipartidismo PP-PSOE.

No hay mejor encuesta que un referéndum sobre el modelo de Estado, dado que el monarca no tiene la honestidad de poner su cargo a disposición de la soberanía popular. Todas las que ha organizado la sociedad civil han demostrado que no se quiere la monarquía; algo lógico, por otra parte para quien se considere demócrata, puesto que nuestra monarquía no tiene ninguna legitimización democrática, es una mera magistratura hereditaria.

Por otro lado, el desconocimiento y la manipulación por parte de los poderes fácticos se encuentra detrás del apoyo con que todavía cuenta la Corona. En este punto, no puedo dejar de recordar, como ejemplo de ello, las palabras de un concejal de Rincón de la Victoria (Málaga), el que fuera miembro de Ciudadanos Óscar Campos, asegurando sin complejos que «el rey es quien decide si entramos en guerra o no». Y se quedó tan ancho.

La Constitución es clara al dejar al rey al margen de toda decisión política y así lo dejó claro el mismísimo Tribunal Constitucional en sentencias como las 5/1987 y 8/1987. Que un cargo público ignore que las dos únicas funciones del rey son repartir los más de 8 millones de euros que le llueven del cielo de los Presupuestos Generales del Estado y el nombramiento de los miembros civiles y militares de la Casa Real es preocupante, esperpéntico e, incluso, ridículo. Imaginen el desconocimiento de quienes ni siquiera han asumido funciones públicas… y no les quepa duda del empeño de quienes mantienen al Borbón de extender tal desinformación.