Opinion · Posos de anarquía

Ridículo real de la Guardia Civil

Ya siento yo que un pareja de guardias civiles haya bastado para poner en ridículo a todo el cuerpo, que guarda en silencio ante la imagen tan deplorable que dieron este domingo. Los hechos sucedieron en la Estación Internacional de Canfranc, cuando al grupo aragonés Adebán se le requirió identificación y se abrió expediente informativo por cantar una canción crítica con la monarquía en un tono satírico. Otro intento burdo de pisotear la libertad de expresión.

Arriba, abajo,
que Felipe se busque un trabajo,
abajo, arriba,
no queremos a la monarquía.

Que si que, que no que,
que se vaya Juancar con su corte
que no que, que si que,
que se lleve también a Felipe.

Entre tropas y trompazos
y cacerías germanas
se ha hecho Juancar embajador
de la voz republicana.

Arriba, abajo,
que Felipe se busque un trabajo,
abajo, arriba,
no queremos a la monarquía.

Que si que, que no que,
que se vaya Juancar con su corte
que no que, que si que,
que se lleve también a Felipe.

Su yerno un-mangarín
figura del talón-mano
sigue la estela entre matas
de tan vivo soberano.

Arriba, abajo,
que Felipe se busque un trabajo,
abajo, arriba,
no queremos a la monarquía.

Que si que, que no que,
que se vaya Juancar con su corte
que no que, que si que,
que se lleve también a Felipe.

Pa repatar el Froilán,
también gusta de escopetas:
su abuelo le enseñará
a apuntar a la cabeza.

Esta es la letra que, según los guardias civiles, «atenta contra la monarquía». Valiente tontería, impropia de quienes han de velar por asuntos mucho más importantes. Intentar callarnos a quienes ejercemos la crítica pacífica, quienes defendemos lo que consideramos una democracia más libre y mejor, no hace más que amplificar nuestro discurso. Vaya por delante mi solidaridad con Los Jesuses, componentes del grupo Adebán.

Es de esperar que el asunto no pase del ridículo de esos agentes, que parecen sacados de una película de Berlanga, merecedores ahora de otras coplas con las que nos partamos de risa por su torpeza, su abuso de autoridad y, en definitiva, su intento de represión. Pobres ellos, que si fuera nos desternillamos de ellos, en el pueblo tienen que ser objeto de chistes y burlas entre brindis por su malhacer.

El resto del cuerpo de la Guardia Civil debería sacudirse la caspa que todavía acumula, esa que lleva al cuerpo a tuitear fotitos de cielos estrellados en lugar de enmendar actos de unos agentes que retratan a la Benemérita como un escollo para las libertades civiles -cuando buena parte de la misma no lo es-.

Por mucho que les pese a los sectores más conservadores, a l@s monárquic@s, al PSOE, a Ciudadanos, al PP y a Vox (que siguen protegiendo a la Corona con asuntos como los de su nuevo Borbón-móvil), las voces críticas contra la monarquía se multiplican. Es inevitable: a medida que avanza la democracia, ha de decrecer la monarquía, tan temorosa ella de un referéndum que la ponga en su debido lugar.