Opinion · Posos de anarquía

Vía libre para que la Administración mercadee con derechos constitucionales

La exalcaldesa de Madrid, Ana Botella/ EFE

La resolución del Tribunal de Cuentas que anula la condena a Ana Botella por la venta de pisos VPO a fondos buitres es un insulto a la ciudadanía. ¿Cómo es posible que una exministra de Aznar pueda juzgar los hechos? Pues no sólo es así, sino que el Ayuntamiento de Madrid, ahora en manos del PP y el regenerador Ciudadanos, no recurrirá a pesar de que el perjuicio para las arcas municipales ronda los 30 millones de euros.

Ana Botella está blindada. El clan de los Aznar tiende sus tentáculos a lo largo y ancho de la ciénaga del poder e impide que se haga justicia. Estaba claro: si uno es capaz de librarse de un juicio por criminal de guerra, este proceso era un juego de niños. Más aún porque lo que se mueve dinero, aunque siempre sea entre las mismas manos.

¿Saben qué es lo más triste? Que la sentencia previa ni siquiera juzgaba que sea posible vender viviendas VPO a fondos buitres, lo que debería ser ilegal, sino que no se mercadeó con ellos a su debido precio. En un sistema en el que la Administración Pública negocia con un derecho constitucional, ¿qué podemos esperar? Nada. Absolutamente nada.

El  hecho de que dos de los tres consejeros que han juzgado ahora los hechos en el Tribunal de Cuentas fueran propuestos por el PP y que, además, una de ellos sea la exministra en la era Aznar Margarita Mariscal de Gante es consencuencia de todo lo demás. PSOE calla, porque hoy por ti y mañana por mí. El grado de desafección y desesperanza alcanzan tales cotas con semejante atropello que, en lugar de soñar con que estos abusos cambien un día, la gente comienza a preguntarse «¿qué hay de lo mío?», respondiendo, «no te preocupes, que si no me lo das tú, ya lo busco yo».

Ni Hacienda somos tod@s, ni la Justicia es igual para tod@s. Dicho de otro modo, dos pilares del Estado de Bienestar se tambalean en España desde hace demasiado tiempo, derrumbándose siempre sobre las mismas personas a las que, además, ni se auxilia. No puedo ni imaginar cómo habrán recibido la noticia quienes de la noche a la mañana se vieron de patitas en la calle.

Quienes continúan escupiendo a la cara a esa parte de la ciudadanía -cada vez más numerosa- que vive en la exclusión, siguen sin tomarse en serio la máxima de que ‘nada tiene que perder quien ya no tiene nada’. Ojalá se lo tomen en serio antes de que se lo hagan tomar.