Opinion · Posos de anarquía

Espectáculo de investidura

Vista panorámica del Congreso de los Diputados durante el discurso de Pedro Sánchez. (ZIPI | REUTERS)

Amanecíamos ayer con la ingenua esperanza de que, quizás, hubiera un acercamiento entre PSOE y Unidas Podemos (UP) y pudiera conformarse un nuevo gobierno, fuera o no de coalición.  No fue el caso. Hoy, ni por asomo habrá nuevo Gobierno y mucho habrán de cambiar las cosas para que una segunda votación impida la celebración de nuevas elecciones.

Tanto por las intervenciones de quienes tendrían que haber dado una lección de consenso como por las de PP, Cs y Vox, la sesión de investidura se convirtió en un espectáculo de investidura. Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (UP) ni se rozaron. Están tan lejos el uno del otro que me pregunto a qué se han dedicado realmente los equipos negociadores, porque por los reproches y ataques verbales que se dirigieron mutuamente pareciera que ayer mismo fuera la primera vez que negociaban un pacto.

Todavía hay quien indica que lo de ayer fue parte de la puesta en escena -ya saben, del espectáculo-, pero los ataques fueron tan duros que de cara a que el jueves haya un acercamiento, ¿quién hará de poli bueno y quién de poli malo? Hasta eso tendrán que negociar para que ninguna de las dos partes se sienta humillada delante de la opinión pública y sus respectivas hinchadas y eso hoy parece estar muy, muy lejos.

Respecto a los partidos de la oposición, el más moderado fue Pablo Casado (PP), pero salpicó sus discursos de tantas mentiras -como ya hiciera en los debates- que se mostró indigno de la Cámara Baja. Llegó a dar una cifra hasta diez veces superior a la realidad para referirse a la caída de la cifra de negocio de la industria (habló de un 7% cuando en realidad es un 0,7%).

Peor estuvo Albert Rivera (Cs), que ni siquiera sabe cuánta gente le votó, sumándose casi 200.000 votos más a los que realmente tiene. La gastroenteritis sufrida hace unos días ha debido subírsele a la cabeza, porque la cantidad de diarrea mental que regaló ayer al Congreso sólo fue superada por la de Santiago Abascal (Vox). El líder de la extremaderecha, autopresentado como un santo mártir enfundado en un traje un par de tallas menos, rebuznó tonterías como que el plan de Sánchez para acabar con el envejecimiento de la población es la legalización de la eutanasia. En eso se resume su sarta de tonterías que, me van a perdonar, están al mismo nivel que quienes todavía las aplauden.

Hoy es el turno de los partidos nacionalistas y algo me dice que serán los que menos contribuyan al espectáculo de investidura que se inició ayer. Cuando el jueves que viene caiga el telón, vuelvo a remitirme a mi artículo de ayer: Si PSOE y UP no obran un nuevo Gobierno, serán ellos y sólo ellos quienes mentan en La Moncloa a la derecha más rancia en unas nuevas elecciones.