Opinion · Posos de anarquía

Sillones, sillones, sillones

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Europa Press

El lunes amanecimos con la esperanza de un gobierno de izquierdas. Avanzó el espectáculo de investidura y cualquier con dos dedos de frente se figuró que ni en la votación del martes y, seguramente, tampoco en la de hoy, se conformaría un nuevo Ejecutivo. El día decisivo de negociaciones entre PSOE y Unidas Podemos (UP), por ayer, las conversaciones saltaron  por los aires y pensar a estas horas en un pacto es tan realista como creer que los de la foto de Colón se abstendrán.

No voy a entrar en repartir culpas entre  PSOE y UP del fracaso -si finalmente éste se produce-, porque lo que es evidente es que ninguno de los dos partidos ha estado a la altura. Lo cierto es que todo lo filtrado a la ciudadanía acerca de las negociaciones se ha concretado en el reparto de sillones. Aquel mantra ‘anguitiano’ de «programa, programa, programa» ni ha estado ni se le espera.

Si se hubiera negociado desde el principio un acuerdo programático, y eso son casi tres meses de plazo, todo hubiera resultado mucho más sencillo. A la ciudadanía le deberían importar un carajo las filtraciones de propuestas y demandas de ministerios y prestar mucha más atención a lo que harán esos ministerios independientemente de quién lo lidere.

Ese acuerdo programático es lo que debería haberse hecho público y, en caso de posterior incumplimiento, identificar quién era responsable. No se ha hecho de esta manera, como si el hecho de que un determinado liderazgo sea garantía de nada. Aunque se hubieran repartido los sillones, ¿alguien cree que los partidos poseedores son dueños y señores de esas carteras? En absoluto, debe existir un acuerdo programático, pero PSOE y UP han optado por empezar la casa por el tejado… y no han estado a la altura.

El acuerdo programático es básico para limar la mutua desconfianza que existe entre ambos partidos, pero también es cierto que es mucho más complejo que repartir ministerios. Los dos equipos negociadores deberían rendir cuentas a la ciudadanía explicando por qué no se ha puesto el programa encima de la mesa. De haber actuado de ese modo, se atajarían incertidumbres varias: las suyas propias, las de la oposición, las de la ciudadanía, las de la CEOE… Programa, programa, programa y no sillones, sillones, sillones.