Opinion · Posos de anarquía

Miedo a La Ingobernable

 

Apoyo masivo contra el desalojo. – La Ingobernable

La Ingobernable resiste: para escozor de la derecha, el desalojo ha conseguido detenerse gracias al apoyo popular que ha dejado la presencia de Vox en una mera anécdota, en una risa entre cañas. Tras las descalificaciones de la derecha a los colectivos que han hecho posible este centro social –«desgarramantas», «pandilla de holgazanes», gentes «sin oficio ni beneficio», «parásitos»…- lo que se oculta es un miedo atroz al asociacionismo solidario y contestatario que planta cara a los abusos del poder.

Impedido el desalojo, se abre ahora un procedimiento judicial que, presumiblemente, acabará con la actual ubicación de este proyecto para dar paso a la especulación, a la mercantilización de los espacios públicos. No olvidemos que éste es un espacio público que Ana Botella cedió a dedo y por 75 años a una fundación para que ésta mantuviera las instalaciones cerradas durante cerca de tres años, hasta que por fin el movimiento okupa le dio uso.

Hace cinco años ya escribí que cada okupación es un fracaso de nuestros gobernantes. Entonces me refería a otro proyecto social, el Centro Social Autogestionado (CSA) Can Vies. En los últimos años ha habido muchos más casos que lamentar, desde el ya lejano La Guindalera del que yo mismo participé, a La Carbonería, el Patio Maravillas o La Vakería, entre muchos otros. Todos ellos tenían en común lo mismo, esto es, cumplían un papel al que las Administraciones no llegan/no quieren llegar. Sólo en el caso de la Ingobernable, se da cabida a medio centenar de colectivos que aprovechan este espacio para desarrollar sus actividades o, incluso, impartir talleres y cursos de teatro, poesía, idiomas, informática…

Todos ellos, y La Ingobernable no es una excepción, entienden otra manera de entender la cultura, huyendo de su mercantilización, abriendo espacios para todas las personas que tienen que aportar, que enriquecer al resto. Nada tiene que ver su actividad con «vivir del cuento», como argumenta Vox, pues la cantidad de horas invertidas desinteresadamente por quienes levantan La Ingobernable superan con mucho la vocación de servicio público que se gastan buena parte de nuestra clase política.

Estos centros sociales okupados son focos de resistencia ante quienes pisotean o amenazan nuestras libertades civiles y eso, en esencia, es lo que quieren aplastar con órdenes de desalojo. Y, lamentablemente, no es cosa única de la derecha: la propia Manuela Carmena fue quien inició el expediente administrativo de desalojo.

En la mano de nuestr@s polític@s está asumir que los Centros Sociales Okupados (CSO) han cumplido y cumplen con una labor esencial que ni la Administración Pública ni la iniciativa privada han querido satisfacer. Del mismo modo que Ana Botella cedió el espacio a dedo por 75 años a una fundación amiga, ¿no es posible hacer lo mismo con los colectivos de La Ingobernable? Si miramos a Málaga, el caso de La Invisible guarda ciertas similitudes con el CSO de Madrid. El actual alcalde malagueño, Francisco de la Torre (PP), jaleado por el sector más exaltado de Ciudadanos, ya ha amenazado en varias ocasiones con incumplir sus propias promesas e ir en contra de voces como las del director del Museo Reina Sofía, que elogia el proyecto.

Si prospera el procedimiento judicial y se desaloja La Ingobernable, nacerán otros proyectos, porque la medida no hará más que extender el fracaso de la Administración que, precisamente, origina estos CSO. No se puede combatir una causa con el mismo mal que la motivó; eso, inevitablemente, la refuerza. Así ha sido y así será, le pese a quien le pese, mientras la calidad de buena parte de nuestra clase política sea tan deficiente, miserable y ruin.