Opinion · Posos de anarquía

Paripé borbónico

El rey Felipe VI recibe al líder de Podemos, Pablo Iglesias, durante la ronda de consultas. /EFE

Arranca hoy la ronda de consultas con el rey para saber si habrá o no nuevas elecciones el próximo 10 de noviembre. Los monárquicos le asignan al Borbón el papel de árbitro pero, ¿en algún momento ha habido partido? Puro paripé.

La ronda de consultas no sirve para nada. No ha servido, ni siquiera, cuando sí han prosperado las negociaciones y se ha conformado negocio. Lo único que hace es ralentizar el ya de por sí esclerótico ritmo democrático de una España agónica que necesita volver a echar a andar. Nada, absolutamente nada arbitra el monarca; su única función es contribuir a la escenografía de un régimen caduco, herido de muerte por la propia opinión pública que reclama su fin.

Los valiosos días que perderemos en el Palacio de la Zarzuela viendo el paseíllo de la clase política junto al Borbón son prescindibles por completo. Constitucionalmente hablando, nada puede hacer el rey por contribuir al acuerdo; tampoco nos descubrirá nada nuevo: nadie cuenta con apoyos suficientes para acudir a una sesión de investidura. Quizás Pedro Sánchez (PSOE) se la juegue, pensando en que Unidas Podemos (UP) cambie a última hora y se rinda a su órdago, pero pinta muy feo. Sea como fuere, la relevancia del Borbón es idéntica a la del tapiz que cuelga al fondo del salón donde recibe a l@s representantes políticos.

Leer en los periódicos más conservadores cómo éstos destacan «la trascendencia de las consultas» es, incluso, hiriente. ¿Qué trascendencia? Ni esas consultas inclinan la balanza de un lado u otro ni cambian lo que ya la ciudadanía lleva tiempo anticipando basándose en el malhacer de PSOE y UP.  A diferencia de Letizia, al pueblo no le hace falta que nadie le avise del escalón o, por ser más precisos, del socavón en el que nos hunden quienes no han sabido aprovechar el esfuerzo electoral que se hizo aquel 28 de abril.