Opinion · Posos de anarquía

Cosidó y su cargo de silencio eventual

Pablo Casado junto a Ignacio Cosidó. (Ballesteros / EFE)

Personal eventual, cargo de confianza o enchufe. Llámenlo como quieran, pero se trata de puestos pagados con dinero público en los que no se cumplen los principios de transparencia, igualdad de oportunidades y libre concurrencia. De eso se acaban de beneficiar Ignacio Cosidó y Esther Muñoz, ambos exsenadores del PP. Según apareció ayer en el Boletín Oficial de Castilla y León (BOCyL), los dos populares han buscado abrigo sin salir de la política como cargos de confianza de la Junta de Castilla y León.

Hoy dejaré de lado a la que reduce la Memoria Histórica a “desenterrar unos huesos” y que ganará casi 3.500 euros al mes, para centrarme en Cosidó que, por aquello de la igualdad de oportunidades que afirman PP, Cs y Vox que hay en España rozará los 4.000 euros al mes. Sin duda alguna, la llegada de este tipo a la Administración es una muy mala noticia para el pueblo castellano leonés.

Para entenderlo, basta conocer los motivos por los que Cosidó desembarca allí. Pablo Casado quiere depurar sus listas de cara al 10-N y Cosidó es un lastre. En su currículum quedará de por vida cómo bajo su dirección  la Policía, Interior destinó fondos y recursos públicos, así como funcionarios del Estado para fabricar investigaciones fraudulentas contra sus adversarios políticos, entre los años 2012 y 2017. Así lo dictaminó el Congreso de los Diputados tras concluir su comisión de investigación.

Las cloacas del Estado y la Brigada Patriótica durante la etapa de Jorge Fernández Díaz, destapadas en exclusiva por Público, actuaron siempre ,según Cosidó, sin que él tuviera conocimiento alguno, lo que de ser cierto también sería extremadamente grave. Supo evitar su firma en las órdenes que destapó la Operación Kitchen para que la Policía utilizara fondos reservados para destruir pruebas contra el PP, pero parece tan improbable que fuera ajeno a todo aquello… tanto, que en un primer movimiento, Casado lo desplazó al Senado. Había que pagarle su apoyo frente a Soraya Sáenz de Santamaría en las ‘primarias’ del PP.

Ahora, con nuevas elecciones a la vista, Cosidó parece haber cerrado su ciclo como uno de los dobermans del PP, uno de los perros de presa azuzado contra el PSOE: a Alfredo Pérez Rubalcaba llegó a tacharlo de gestor de “la paz sucia de ETA” y a Gregorio Peces Barba lo calificó como “alto comisionado para el diálogo y el amparo de los verdugos terroristas”. Ese era su nivel, algo que ya dejaba entrever desde que a los 21 años ocupara ya cargos de responsabilidad en las Juventudes Liberales.

El tipo prosperó con su estilo agresivo como carta de presentación, en tiempos en los que seguir al malogrado Mayor Oreja abría puertas. Siempre fue uno de los defensores de las teorías conspiratorias del 11-M sobre la mano negra de ETA… las mismas por cuyas mentiras PP salió del Gobierno dando paso a Rodríguez Zapatero (PSOE). Su etapa más oscura se remonta ocho años atrás, cuando en 2011 los de Génova lo auparon a la dirección general de la Policía y comulgó con el fanatismo religioso del ultraconservador Jorge Fernández Díaz, condecorando vírgenes.

Su trayectoria como director de la Policía lo delató como alguien al que no le tiembla la mano cuando se trata de mancillar las instituciones públicas en favor de su partido, como demostraron sus improperios en 13TV contra Podemos, asegurando que “esta izquierda totalitaria defiende proyectos como el que ha representado ETA en nuestro país”.

Tras aquella tormenta, un paso por el Senado casi anónimo, a pesar de ser el portavoz del PP en la Cámara Alta. Prácticamente sin intervenciones, a pesar de presidir la Comisión Especial sobre Evolución Demográfica en pleno debate por la España vaciada. De hecho, lo más destacado de su etapa en el Senado es el famoso mensaje de Whatsapp en el que, en plena negociación del reparto de los jueces del Consejo General del Poder Judicial, aseguró que “controlaremos la Sala Segunda desde detrás”. Se refería Cosidó a la elección del juez Manuel Marchena como nuevo presidente CGPJ. Terminaría revolcándose aún más en el ridículo al tirar balones fuera con la carta de “una interpretación errónea”. Estaba muy claro, cristalino diría yo, el modo en que en aquel grupo de Whatsapp los populares concebían la separación de poderes.

La calaña de Cosidó le ha llevado a escapar siempre hacia arriba, porque incluso este último movimiento en Castilla y León, que podría verse como una degradación, no lo es. Quizás es un paso para atrás para coger impulso. Calmadas las aguas y con su esperanza en que el PP remonte en las próximas elecciones generales, el ex director general de la Policía vale más por lo que calla que por lo que dice. Lo sabe él. Lo sabe Casado. Y se lo cobrará, no les quepa duda.