Opinion · Posos de anarquía

Pedro Sánchez juega sucio

Pedro Sánchez presentando el programa. EFE/Chema Moya

Ni siquiera se ha iniciado la campaña electoral y Pedro Sánchez ya ha jugado sucio. Anunciar la revalorización de las pensiones en un acto de precampaña del PSOE es inmoral, impropio de un presidente de Gobierno y ruin. Mezclar la presentación de un programa electoral con una medida de facto del Gobierno en funciones es un error que hace desconfiar de quien comete tal patinazo.

Ayer Pedro Sánchez presentaba el fruto de los meses de no-negociación entre PSOE y Unidas Podemos (UP). Tal y como relataba a finales de agosto, presentar un nuevo programa electoral seis mes después de las anteriores elecciones y, lo que es peor, reunirse con los colectivos para hacerlo -porque no se hizo para el programa del 28 de abril- dice muy poco de un partido. Mientras millones de votantes esperaban que PSOE estuviera negociando con UP, éramos much@s l@s que sabíamos que lo que realmente hacían en Ferraz era rearmarse para  acudir de nuevo a las urnas.

El hecho que durante la ‘venta’ de ese programa electoral, Sánchez anunciara una medida de Gobierno es absolutamente intolerable. Siempre he tenido mis dudas acerca de la conveninecia de que un presidente y el resto de su ejecutivo hiciera campaña, pues el tiempo que absorben unas campañas y precampañas cada vez más largas es tiempo que se resta al gobierno del país. Si además, se hace campaña desde el mismo gobierno -más allá de los ‘viernes sociales’-, es una auténtica desfachatez.

Esto nos lleva a otra problemática en España, que le acaba de explotar en la cara a Íñigo Errejón. La dimisión de uno de los principales activos de Más País, esto es, Clara Serra, es un torpedo en la línea de flotación del nuevo partido político, que por los pelos no pierde el tren electoral al casi no lograr los avales para Barcelona. Serra ha puesto de manifiesto uno de los problemas de absolutamente todos los principales partidos políticos: el hiperliderazgo. En muchas ocasiones se ha puesto a Podemos como ejemplo de este hiperliderazgo con Pablo Iglesias pero, ¿acaso es distinto en las otras formaciones?

Los partidos tienden a construirse en torno a una única figura y eso, en realidad, los empobrece. En algunas formaciones, como Izquierda Unida (IU), sucede lo contrario, que se diluye tanto el liderazgo que a veces pareciera que el partido no fluye, se desparrama. Sin embargo, por lo general, es el número uno de los partidos el que no lidera, sino que ordena.

Entramos en el conflicto de qué tiene que ser un líder o lideresa, y es alguien a quien seguir, no alguien a quien obedecer. Y cuando se sigue es porque se está convencid@, no sometid@; y para estar convencid@ antes ha habido que confrontar, que contraargumentar, debatir con ese líder o lideresa las medidas a adoptar y ver cómo, en ocasiones, l@s que siguen convencen a quien lidera. No sucede eso en los partidos, cuyos líderes/lideresas terminan rodeándose de personajes sumisos, perdiendo riqueza.

Cierro con un mea culpa, el de los medios, que cada vez que surge alguien sobresaliente en torno a la persona que lidera, en lugar de ponerla en valor, de identificarla como alguien que suma, contribuimos a esa imagen de amenaza, primeramente hablando de «delfín» y después de «Marco Bruto».