Opinion · Posos de anarquía

Anclados en 2012 y con menos democracia

Miles de personas se concentran en la Plaza de Catalunya de Barcelona en protesta por la sentencia del ‘procés’. EFE/Marta Pérez

La clase política vuelve a caer en los mismos errores. Mientras l@s pensionistas nos recuerdan de manera muy efectiva que España tiene muchos más frentes abiertos que Catalunya, la gestión de la cuestión catalana únicamente se devuelve de la esfera judicial a la política para seguir escurriendo el bulto. Nada se ha hecho por avanzar en los meses en los que se desarrolló el juicio del ‘proces’ y nada se hace ahora, más allá de hablar de posibles indultos o de articular la Ley de Seguridad Nacional para aplacar unas protestas planificadas con precisión quirúrgica que ponen en jaque a las Fuerzas de Seguridad del Estado.

Si tomáramos a quienes únicamente viven de la crispación, cada uno y una con su bandera a cuestas, gobernad@s por esa clase política que durante años no ha estado a la altura para resolver la cuestión catalana -que es una crisis de modelo de Estado-, podríamos fundar un nuevo país. Ese país tendría a los gobernantes que merece realmente su pueblo, tan miopes un@s como otr@s.

Como eso no es posible, nos toca lidiar con esas personas exaltadas, cuyo egoísmo es el denominador común. Mientras, ni Gobierno ni oposición parecen ser capaces de caminar y mascar chicle a un tiempo. Resulta desalentador escuchar a un ministro en funciones como José Luis Ábalos decir que hay que esperar que se calmen los ánimos para comenzar a remangarse en Catalunya. Como descorazonador es durante meses que las únicas preguntas por parte de la prensa fueran si se ha de activar o no el artículo 155, haciéndole el juego a la derecha, sin avanzar hacia nuevas vías de resolución del conflicto. El problema está anclado en el mismo punto que en 2012 con Rajoy, pero con menos democracia. En lugar de soltar el lastre de los fanatismos, se ha arrojado al vacío lo único que podría hacernos ascender: la democracia.

La desaparición de Junqueras de escena, nos deja a un cobarde Puigdemont que cada día pinta menos y a un cínico Torra que promueve las revueltas sociales para después reprimirlas duramente con los Mossos. Quienes defienden la independencia o, al menos, el derecho a decidir -que son cosas bien distintas que tiende a mezclarse- harían bien en Catalunya en reclamar dirigentes que estén a la altura, porque de tenerlos tienen un amplio margen de mejora dada la ineptitud que se destila en Madrid, en La Moncloa y el resto del Congreso.

La nueva crisis que se avecina se solapará en España con la anterior de la que no hemos salido, por mucho que nos vendan indicadores macroeconómicos que esconden la miseria que vivimos en las calles. L@s pensionistas nos recuerdan el futuro desesperanzador que nos espera, mientras el sueldo medio de los directivos del Ibex 35 ronda los 700.000 euros al año. La Sanidad y la Educación públicas están más amenazadas que nunca y el derecho constitucional a una vivienda digna es pisoteado una y otra vez. ¿Cuándo tendremos una clase política que aporte soluciones en lugar de seguir generando problemas?