Opinion · Posos de anarquía

Las listas negras de Vox

El presidente de Vox, Santiago Abascal / EUROPA PRESS

Sin prensa no hay democracia. Es una máxima que a estas alturas de la democracia todavía hay un puñado de partidos que niega. El último caso conocido es el de Vox, tan constitucionalistas que se vende y, en cambio, veta casi a una docena de cabeceras y programas, con Público encabezando la lista negra.

La prensa es el contrapoder, es quien informa y destapa las desviaciones democráticas que se producen. En el caso concreto de Público, las Cloacas del Estado son sólo un ejemplo de por qué el periodismo es esencial para el normal funcionamiento de la democracia. Con el veto que ejerce Vox sobre los medios de comunicación, no impide que se informe de este partido de extrema-derecha; lo único que logra es que no se muestre su punto de vista sobre determinadas informaciones.

No deja de ser curioso que los medios vetados sean, precisamente, los que han enumerado un sinfín de mentiras y manipulaciones de Vox. Las cifras que la extrema-derecha maneja sobre cuestiones tan sensibles como la migración o la violencia de género son más falsas que un gato de escayola. Los medios censurados así lo han demostrado, apoyándose para ello en datos de organismos internacionales o del Consejo General del Poder Judicial. Dicho de otro modo, la mentira es uno de los elementos incluidos en la tarjeta de presentación de Vox.

Ello, unido a su opaca financiación, a sus continuas contradicciones de crítica a las subvenciones mientras ingresan más de 2 millones de euros de dinero público, el pasado de mamandurrias de su líder Santiago Abascal… Todos estos elementos hacen que la jefa de prensa de Vox Rosa Cuervas recurra a la técnica de la avestruz, metiendo a cabeza bajo tierra en un intento por evitar informaciones que perjudiquen a la formación. Un actitud pueril que dice muy poco de su profesionalidad.

Vox no es un caso aislado. Los rumores de listas negras de periodistas durante la era de Jorge Fernández Díaz al frente de Interior eran continuos y aún a día de hoy, allá donde gobiernan continúan poniendo palos en las ruedas de la información libre. La Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid es un buen ejemplo de ello, negándose a facilitar informaciones de las inspecciones educativas que tienen lugar en centros concertados.

Quienes, además, desarrollamos la labor informativa en prensa local, vemos cómo cada día la opacidad es la norma en partidos como el PP cuando se encuentran en el poder. Bloqueos de llamadas a periodistas, negativas de facilitar información pública a la que están obligados, amenazas, querellas que novan a ningún lado… son práctica habitual de quienes no creen realmente en la democracia.  Sin embargo, la prensa continúa realizando su labor, porque lo llevamos en el ADN, porque somos conscientes del papel que jugamos y, por qué no decirlo, porque los matones nos repatean.