Opinion · Posos de anarquía

Lo que pasa al jugar a la ruleta rusa

España no es más fascista hoy que ayer, pero ese fascismo está más representado en las instituciones. De hecho, nuestro país pasa por ser el que tiene la extrema-derecha más fuerte de Europa. Después de que los partidos democráticos jugaran a la ruleta rusa tras el 28 de abril, la nueva convocatoria de elecciones ha revelado una retirada de la confianza tanto a PSOE como a Unidas Podemos (UP) y la aniquilación de Ciudadanos en favor de PP y Vox.

Ninguno admitirá su cuota de responsabilidad, a pesar de que las urnas se lo ha indicado. Ni Pedro Sánchez ni Pablo Iglesias reconocerán que su incapacidad para haber llegado a un pacto ha terminado por dar alas a la extrema-derecha. El PSOE ha ganado las elecciones, sí, pero con tres escaños menos y muy lejos de lo que realmente pretendía Sánchez, que era ganar músculo para gobernar en solitario. UP, por su parte, continúa sin saber parar la hemorragia de votos que sufre elección tras elección -esta vez con 7 escaños menos-, sin que haya el menor atisbo de autocrítica.

En este último sentido, Iglesias no es tan distinto de Albert Rivera. Los dos se aferran a su liderazgo, pase lo que pase. El partido que lidera el primero ha ido perdiendo peso en el Congreso en cada cita electoral sin que ello haya propiciado una revisión del modo en que se llevan las riendas de la formación. Anoche, con un descalabro de Ciudadanos que recuerda mucho al de UCD, Rivera no dimitió. Admitió el mal resultado porque no hacerlo habría sido hacer el ridículo, pero vino a expresar su perplejidad por el mismo, argumentando que el programa era el mismo que en abril, como si su negativa a desbloquear el desgobierno, incluso, sin atender las llamadas de Sánchez, no hubieran tenido peso. Tanto arremetió contra Catalunya, que al final ERC le ha superado en tres escaños. Eso debe escocer… como debe escocer no tener ni un puesto en el Senado. Muchos ‘naranjit@s’ van a pasar frío fuera de la política.

Sánchez la ha pifiado. Hasta ayer, siempre le había salido bien ir a contracorriente. El problema es que su error de ayer, arrastra a toda España a las garras de la extrema-derecha. Su ineptitud negociadora y el modo en que no ha plantado cara al fascismo en el debate hacen que España hoy esté más cerca de tiempos oscuros. Tras las elecciones de ayer, es más complicado todavía conformar gobierno que en abril. Dicho de otro modo, todo le ha salido mal a Sánchez, por lo que debería sonreir menos y disculparse más.

Vox está eufórico porque, además, sus 52 representantes del fascismo en el Congreso le traerán sustanciales cantidades dinero en esas subvenciones de las que tanto reniega con una mano mientras, con la otra, pone el cazo para llevárselo crudo. Quizás no estén tan contentos con el hecho de que los nacionalismos autonómicos también hayan crecido en el Congreso, pero hoy por hoy están tan borrachos de poder que ni siquiera analizan esa circunstancia.

Hoy más que nunca, la ciudadanía debe seguir plantando cara al fascismo con mayor contudencia de lo que lo han hecho los partidos democráticos, cuyos errores y bajo nivel han agravado la amenaza de la extrema-derecha. Sí, han pasado, pero su estancia debe servir para mostrar a quienes todavía no lo han visto lo peligrosos que son. Y pararlos junt@s.