Opinion · Posos de anarquía

Miserable Almeida

José Luis Martínez-Almeida (PP), saluda a Javier Ortega Smith (Vox). EP

En el Día Internacional contra la Violencia de Género los fascistas hicieron lo que se espera de ellos: pisotear las libertades civiles. Javier Ortega Smith (Vox), con ese aspecto que convenientemente uniformado bien podría recordar a un agente de la SS, quiso reventar el día… y Nadia Otmani le reventó en su cara acobardada su mezquindad. El portavoz de Vox en el Ayuntamiento de Madrid cumplió con las expectativas; el alcalde José Luis Martínez Almeida (PP) también, por mucho que quisiera maquillarlo abroncando al edil de extrema-derecha.

Martínez Almeida no engaña a nadie. Es miserable. Sus reproches impostados a Ortega Smith por haber negado la violencia machista son humo. ¿Acaso le sorprende? ¿De veras le coge por sorpresa que quienes han venido pisoteando los Derechos Humanos más esenciales ahora quieran hacerse publicidad reventando actos contra el terrorismo machista? No, alcalde, no.

El grado de desfachatez de Martínez Almeida alcanza cotas inimaginables cuando, después de abroncar al representante de la extrema-derecha apuesta por un España Suma en la que Vox esté integrada. Eso es miserable. Haber aceptado llegar al poder aupado por la nueva Falange fue venderse al diablo, abandonar el más mínimo vestigio de decencia que le restara. Ahora bien, que después de asistir día a día a las mentiras de Vox, al modo en que retuerce la realidad a su antojo con el único fin de desplegar su catálogo de soflamas fascistas, quiera seguir unido a la extrema-derecha, ¿en qué lugar lo deja?

Martínez Almeida, como el resto de colegas del PP que no dudan en abrazar al fascismo para tocar el poder son, incluso, peores que esta extrema-derecha; al menos ésta es auténtica porque, aunque arrastre el complejo de no aceptar cuán fascista es, sí es auténtica en su discurso, sin medias tintas. Almeida y quienes son como él, en cambio, quieren vestirse el traje demócrata mientras son cómplices de quienes destruyen libertades civiles que tanto trabajo y sacrificio costó alcanzar. Y eso, repito, es miserable.