Opinion · Posos de anarquía

Matones de la democracia

Casado durante el debate de investidura. EUROPA PRESS/ Jesús Hellín

Gabriel Rufían no podía estar más acertado en su discurso: la derecha (y extrema-derecha) en España está asilvestrada. Se ha podido constatar en el modo en que ha mentido, insultado y se ha revuelto cada vez que algún miembro de la bancada progresista les decía cuatro verdades a la cara. Lamentablemente, se ve a ahora también fuera del Congreso, no sólo con presiones, sino también con amenazas y coacciones a diputados  y diputadas para reventar la votación de investidura de hoy.

Hemos pasado de las arcadas de hiel derechona que describía el pasado viernes a auténticos matones de la democracia. La derecha y los poderes fácticos que la sostienen no soportan la posibilidad de un gobierno progresista y están haciendo cuanto está en su mano para reventar la democracia. En una acertadísima columna, el profesor Vicenç Navarro describe el poder de los superricos y cómo utilizan todas sus armas (incluidos los medios de comunicación) para cambiar el rumbro democrático.

Sin embargo, se han traspasado todos los límites. La derecha y extrema-derecha están crecidas en su derrota y, tan amigos de la caza que son, se revuelven como un animal herido que se sabe presa. Han pasado del ridículo de Inés Arrimadas (Ciudadanos) reclamando un ‘tamayazo’ y, entre pucheros después, haciéndose una vez más la víctima de su propia ineptitud, a lo que podría constituir un delito.

La sucesión de presiones, de insultos y coacciones que están recibiendo l@s diputad@s que hoy harán realidad un gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos (UP) deberían ser perseguidos por la ley. Ya se han presentado denuncias ante la policía, como la del diputado socialista por Segovia, José Luis Aceves. Constituyen un auténtico atentado a la democracia, precisamente, de quienes se hacen llamar patriotas democráticos, de quienes se erigen  como los auténticos defensores de una Constitución que, en realidad, pisotean. El hecho de que desde las filas de Vox sugieran, incluso, la intervención del Ejército y un golpe de Estado vuelve a confirmar las advertencias del peligro que supone este neofascismo del que venimos avisando.

Hoy se va a producir la votación de investidura más ajustada de  nuestra democracia y partidos como el PSOE, UP o Teruel Existe están siendo acosados, calificados de traidores por el mero hecho de ser demócratas, de buscar una mayor justicia social. Esta reacción de la derecha y la extrema-derecha debería poner de manifiesto de manera cristalina cuán sucio están dispuestas a jugar las filas conservadoras y lo que es en realidad la democracia para ellas: nada, un mero instrumento al servicio de su poder que, cuando ya no sirve, descartan y abrazan la violencia, la opresión. Confiemos en que sus deleznables prácticas no se impongan como sucedió en 2003 en Madrid.