Posos de anarquía

La Noche de las Cacerolas

Captura del vídeo elaborado por EuropaPress de la cacerolada contra FelipeVI.

Llegaba tarde, tanto como más de 14.000 personas infectadas y casi 750 muertas contabilizadas. Cuatro días después de la declaración del Estado de Alarma, Felipe VI tuvo el cuajo de plantarse ante el país y, después de esa dejación de sus funciones -pese a los 8 millones de euros al año-, se incluyó en el paquete de "mucha inquietud y preocupación por esta crisis sanitaria". Mientras él hablaba, en todas las ciudades de España se podía oír una sonora cacerolada que le indicaba la puerta de salida del Palacio de la Zarzuela.

Felipe VI hablaba y hablaba y aunque los televisores estuvieran encendidos, buena parte de los hogares españoles no le prestaba atención. Habían salido a los balcones, porque el hartazgo que sienten hacia la Corona rebosa. Tiene que se duro saber ignorado, repudiado y despreciado por tantísima gente de bien y, por el contrario, revisar que entre tus principales defendesores se encuentra el fascismo. Terrible.

Felipe VI perdió ayer una oportunidad única para pedir disculpas porque la institución que encabeza, la Casa Real, ha tenido un comportamiento indigno con toda la nación. Podía haberlo hecho de soslayo, de manera burda como hizo su padre cuando fue descubierto pegándose la vida padre mientras España se desangraba... pero no. Volvió a sumar una nueva equivocación, un nuevo hecho deshonesto a su reinado. La monarquía está rota.

Quizás por eso, mientras creíamos que el discurso hablaba de la crisis del coronavirus, en realidad bien podría referirse a su propia crisis, a la que acerca a España al fin de su monarquía. "Estamos haciendo frente a una crisis nueva y distinta, sin precedentes, muy seria y grave, [...] que de forma muy traumática, altera y condiciona nuestras costumbres y el desarrollo normal de nuestras vidas", decía, y claro que lo hace, porque desde ayer, tiene un pie fuera de la Zarzuela.

"Ahora tenemos que resistir, que aguantar. [...]  Ahora debemos dejar de lado nuestras diferencias. Debemos unirnos en torno a un mismo objetivo: superar esta grave situación" reclamaba, algo que podría aplicarse -bien lo desea él- a defender la monarquía, a aferrarse al sillón.

Pero en esa empresa de mantenerle en una institución caduca e inútil, ya no encontrará unidad, que no espere que vayamos a "hacerlo juntos; entre todos; con serenidad y confianza, pero también con decisión y energía". Haremos, precisamente, lo contrario, abrir las urnas para desahuciarlo del Palacio de la Zarzuela.

Desde que se produjo la abdicación forzada de Juan Carlos I, nunca antes España había estado tan cerca de acabar con su monarquía. Por este motivo, como entonces, los poderes fácticos y políticos harán lo posible por dejar pasar el tiempo, por dejar caer en el olvido la indignidad del monarca, por ignorar el clamor popular de anoche contra el Borbón. No lo conseguirán, porque confío en que del mismo modo que la de ayer pasará a la Historia como 'la Noche de las Cacerolas', cambiaremos nuestro destino sacudiéndonos de una vez por todas otro de los vestigios del franquismo que lastra nuestra democracia.