Posos de anarquía

Sin manual de instrucciones

Esta crisis sanitaria no trae manual de instrucciones. No, al menos, para China, Italia o España, que son los países que han protagonizado la vanguardia de esta tragedia. Cosa bien distinta son los países a los que la pandemia ha llegado más tarde y que, pese a mirarse en el espejo de nuestro países, no han corregido nuestros errores, que por supuesto hemos cometido. Boris Johnson en la UCI es la imagen que mejor ilustra esa temeridad.

Efecticamente, vivo esta crisis con la sensación de que nos falta información, en parte porque el Gobierno nos la filtra y en parte porque ni siquiera el Ejecutivo dispone de toda información. Es bochornoso para la ciudadanía que las Comunidades Autónomas de diferente color político no hayan sido capaces de consensuar un protocolo para contabilizar las víctimas, ni siquiera para saber el número real de sanitari@s infectado@s...

Escuchando el Pleno de esta mañana vuelve a constatarse que la ausencia de un manual de instrucciones aplica también a la oposición. Las intervenciones de la derecha han aportado más reproches que soluciones. De nada sirve reclamar más material de protección para el personal sanitario si no explican de dónde se saca; de nada sirve exigir la realización de más tests si no detallan la logística para ello. Absolutamente de nada sirve prometer el rescate del Estado al empresariado y trabajador@s, con cientos de millones de euros, si no se revela cómo se genera todo ese dinero.

La sesión plenaria de hoy está evidenciando que si este Gobierno tiene poco espacio para la autocrítica, la derecha tampoco reserva absolutamente ninguno para el aplauso. Es absolutamente legítimo enumerar la lista de errores cometidos por el Gobierno, desde las manifestaciones del 8M y el resto de eventos públicos en esa semana de marzo, a su unilateralidad en momentos críticos o el tratamiento mediático de la información, entre otros. Lo que evidentemente no es ni prudente ni patriótico es inventar errores donde no los hay, exigir medidas si explicar cómo aplicarlas. La derecha no sólo cae con demasiada frecuencia en eso, sino que tampoco aplica la autocrítica que exige al Ejecutivo -el varapalo que le aplicación el Financial Times el otro día fue de órdago- ni reconfortan a un Gobierno exhausto en las medidas exitosas que, incluso, han sido motivo de elogio por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Porque si esta Gobierno ha cometido errores no es menos verdad que también ha tenido aciertos.

El país merece que otra cosa. Escucho esta mañana a los grupos minoritarios y tienen mucha sensatez. Hoy más que nunca el Gobierno debiera escucharlos, porque son ellos desde la tranquilidad, desde posiciones más sosegadas que las de PP y Vox, los que arrojan más luz a este manual de instrucciones de páginas en blanco. La derecha no aporta ninguna porque su constante clima de crispación, sus luchas intestinas y continua rivalidad por canibalizarse no contribuyen a guiar a un Ejecutivo que precisa más apoyos que nunca.

Apoyos, por otro lado, que esos grupos parlamentarios minoritarios demuestran que no son sinónimos de seguidismo a ciegas, de trágalas o resignación; se trata de proponer, de realizar crítica constructiva, de aportar una visión desde fuera, de advertir de lo que no atisba este Gobierno por situarse en el epicentro de la crisis.

El Gobierno está escribiendo sobre la marcha este manual de instrucciones y, en ocasiones, lo hace con reglones torcidos. Ahí ha de estar la oposición, no limitándose a exigir líneas paralelas, sino mostrando cómo conseguirlo. Y ahí ha de estar el Gobierno, dejándose guiar. Esa es la única manera de afrontar esta crisis, que tiene un gran problema, el Covid-19, aunque la derecha esté más empeñada en convertir al Gobierno en el problema. Que salgamos de esta pandemia de la mejor de las maneras posibles es labor de todos los grupos parlamentarios, sumando y no restando, enderezando los reglones del Ejecutivo en lugar querer arrebatarle el cuaderno. Aún están a tiempo.