Posos de anarquía

El pago con tarjeta o la puntilla al comercio local

A lo largo de la vuelta a la nueva normalidad, han sido muchos los mensajes de apoyo al comercio local. Una narrativa, sin embargo, que se da de bruces con la recomendación de pagar las compras con tarjeta de débito para así evitar el riesgo de contagio de COVID-19 por el intercambio de dinero. Cada vez que pagamos con plástico y, dado que la banca sigue tan solidaria como siempre, los comercios a los que queremos salvar pierden dinero. Esa es la realidad.

Asociaciones y Administraciones Públicas han desplegado planes de fomento del consumo en los establecimientos de los barrios, aunque algunos de estos discursos sean tan cínicos como el del Ayuntamiento de Málaga que, con su mensaje "barrio se hace", olvida que "barrio también se deshace", como este Consistorio ha hecho en los últimos años con la gentrificación y la demoloción de 300 edificios históricos para sustituirlos por hoteles de diseño y franquicias sin alma.

Buena parte de la ciudadanía ha respondido al llamamiento, han dejado de lado las compras en grandes plataformas de comercio electrónico y han optado por acudir a la pequeña tienda. Cabría pensar que la banca se hubiera volcado con estas microempresas que dan empleo a un amplio porcentaje de personas en nuestro país, que tejen una red solidaria en los barrios, de protección familiar... Pero no: mientras se instaba a pagar con tarjeta, las comisiones que tienen que pagar estos pequeños comercio se mantenían inamovibles.

Los y las propietarias de estos establecimientos comenzaron a aceptar el pago con tarjeta hasta por una barra de pan, porque querían ayudar a la sociedad, porque eran conscientes del miedo que había en una parte de la población y querían hacer la vida más fácil. Pues bien, este gesto solidario servía entretanto para continuar enriqueciendo a una banca que aún no nos ha devuelto el favor de haberla rescatado con 60.000 millones a fondo perdido... es más, durante esta crisis, lejos de hacer eso, ha desplegado todo tipo de argucias para colar seguros de vida a cambio de ofrecer los créditos a las pymes y autónomos y autónomas que el Gobierno le había encomendado.

Uno podría pensar que con una comisión media del 0,41% no es tanto lo que se araña a los comercios por transacción con pago por tarjeta; sin embargo, si vemos miramos a las cifras que Servimedia destapaba hace apenas un par de meses, la cosa cambia: este tipo de establecimientos pierden más de 661 millones de euros al año por aceptar pagos con tarjeta que, sólo en 2019, ascendieron a 4.536 millones de pagos (161.343 millones de euros).

A buen seguro que la banca ha sabido sacar buena tajada de la crisis del COVID-19, haciendo realidad el dicho de que "a río revuelto, ganancia de pescadores". Durante la pandemia, el aumento proporcional de ingresos por parte de la banca por esta vía  se habrá dejado notar, mientras para el pequeño comercio, ese que no nos ha dejado en la estacada, ha supuesto una puntilla más. En nuestra mano está ayudar un poco más a estas microempresas, en lugar de seguir enriqueciendo a quienes no sólo nos han dejado en la estacada en tantas y tantas ocasiones sino que, además, nos han estafado 60.000 millones de euros de rescate.