Posos de anarquía

¿Para cuándo la vacuna contra Ayuso?

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante una rueda de prensa. - EFE
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, durante una rueda de prensa. - EFE

Jugar a epidemiólogo es una temeridad. La diferencia respecto al que suscribe estas líneas y una gobernante como Isabel Díaz Ayuso es que yo no dispongo de toda la información y ella sí. Entonces, ¿por qué ella es más amiga de gestionar Madrid como si fuera un juego de mesa en lugar de hacerse responsable de las miles de vidas que hay en juego? La vacuna contra el COVID-19 depende de la comunidad científica, contra Ayuso de la misma ciudadanía. Si en algo estiman su vida, debería acelerar el proceso para vacunarse cuanto antes.

La gestión de Díaz Ayuso durante el azote del coronavirus ha sido lamentable. Las muertes en las residencias de personas mayores y los procolos dictados por la Comunidad de Madrid, en contra de lo marcado por el ministerio de Sanidad, para no hospitalizar a los casos positivos son la gran punta del iceberg. Por debajo de la línea de flotación encontramos una gigantesca masa de errores que van desde los menús de pizzas para menores, a la cocina en las cifras facilitadas a Sanidad, a la anteposición de la economía por encima de la salud que llevó, incluso, a la dimisión de una de las máximas técnicas responsables. Todo ello aderezado por posados virginales, plantones a la conferencia de presidentes y presidentas y toda suerte de ayusadas con aviones con equipo sanitario que no llegan o alquileres de apartamentos de lujo adjudicados de quita y pon.

Siendo extremadamente benévolos y sin caer en las ensoñaciones de Pablo Casado, que veía aquello como un modelo de gestión, podemos maquillar la ineptitud de Ayuso con el gran desconocimiento y la necesidad de improvisación que reinaban esos días... pero, ¿y ahora?

Recomiendo la lectura y seguimiento de periodistas como Josep Corbella, de La Vanguardia. Hace ya once días que arrancaba su artículo titulado "Después de Barcelona caerá Madrid" con un "ojalá me equivoque". No se ha equivocado. Él no disponía de tantos datos como Díaz Ayuso y, sin embargo, se supo anticipar a la presidenta de Madrid. Si hace más de diez días Corbella avanzaba que seguramente estaba fallando el diagnóstico precoz en Madrid, Ayuso presumía de tener solo 61 casos diagnosticados.

Hoy sabemos que la cifra de contagios en los últimos siete días se han disparado hasta los 1.692 casos. Con la excepción de Canarias, Madrid ha sido la última Comunidad Autónoma en hacer obligatorio el uso de mascarilla -ayer se comenzó- y la falta de rastreadores es terrible. A contrarreloj, Ayuso trata de doblar su número, que no sólo es increíblemente insuficiente para la población que tiene Madrid, sino que además no da tiempo a formar adecuadamente. Entremedias, privatizó este sevicio sin garantía alguna y con un aluvión de críticas de los profesionales sanitarios, que no dan abasto para manifestarse por su precariedad y falta de personal.

Aún con ese incremento, la proporción sería de un rastreador para cada 15.000 habitantes, mientras que en Alemania es uno para cada 4.000. La ineptitud es contagiosa y el consejero de Sanidad de Madrid asegura que es un número más que suficiente para la cantidad de casos positivos existentes... no se trata de eso, sino de estar preparado para cuando se produzca una repunte inesperado porque, de producirse, no habrá tiempo para formar al nuevo personal.

La Sanidad pública sigue lejos de estar suficienemente dotada; ni siquiera el azote del COVID-19 parece justificar el gasto público por parte de gobernantes como Ayuso. Quizás por eso, hoy vuelve a la carga con su cartilla de la discriminación, porque precisa de cortinas de humo que oculten el problema real, que es el impacto del coronavirus y la lamentable gestión que ella y su gobierno de coalición fragmentado está realizando de ello. Hay vacuna contra Ayuso, se llama urnas. Tan sólo hay que inyectársela cuanto antes.