Posos de anarquía

Los antidisturbios también lloran

Rodaje de la serie - Movistar

La serie Antidisturbios de Rodrigo Sorogoyen ha levantado unas cuantas ampollas en el cuerpo policial, el mismo que cuando el Partido Popular (PP) ilegalizó grabar y difundir abusos policiales calló como una monja de clausura. Ahora el Sindicato Unificado de Policía (SUP) está que trina, aunque cuando se denuncia la desproporcionalidad de las cargas de las Unidades de Intervención Policial (UIP) también enmudece súbitamente. Los antidisturbios también lloran... y de lo lindo.

El SUP no quiere que sus siglas se liguen a la serie en la que asesoró y que muestra un lado de la UIP que resulta incómodo; solo quieren aparecer cuando llueven palmaditas en el hombro, no cuando este cuerpo policial se dedica a dar "calor negro", como llaman ellos a repartir porrazos a diestro y siniestro.

Lo cierto es que lo mostrado en la serie de Sorogoyen es ficción que retrata la realidad. Basta darse una vuelta por las redes sociales de miembros de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado para llevarse las manos a la cabeza. "Es más valioso un gramo de acción que una tonelada de intención" podría resumir la filosofía de esta parte de la UIP que vive cómodamente en el seno del cuerpo policial arropados por el silencio cómplice de compañeros y sindicatos.

Quienes hemos pasado años en las calles manifestándonos pacíficamente por lo que considerábamos justo, hemos padecido las cargas desproporcionadas de los antidisturbios, hemos presenciado cómo daba igual edad o género: cualquier persona a su paso era una potencial víctima de sus porras.

Aún no he terminado de ver todos los capítulos, pero habiendo superado el ecuador de la serie, puedo afirmar que, por mi experiencia, es un buen retrato de la realidad, de las dos partes, porque también se muestra cómo la UIP ha de soportar insultos gratuitos de todo tipo de ideologías, tanto izquierda como derecha, cómo sufren agresiones, cómo son hospitalizados o cómo las órdenes de sus superiores son la peor de las encerronas. Eso también se muestra, aunque el SUP parezca que no lo quiere ver.

El pataleo absurdo al que asistimos estos días es pueril y fuera de lugar. Ese alzamiento de la voz debería haber aparecido mucho antes, cuando se producen episodios de agresiones policiales, cuando se tiene manga ancha con grupos neonazis, cuando en lugar de depurar un cuerpo en el que se destila demasiada violencia se abraza un corporativismo irracional, un hermanamiento artificial, una complicidad que termina por manchar a todo el cuerpo.