Posos de anarquía

Casado gestiona la moción de censura como la crisis del coronavirus

Pablo Casado - PP.

Arranca hoy la moción de censura con menos apoyos de nuestra historia democrática. Acomplejada por el escaso calado que tiene en el Congreso de las Diputados y los Diputados, Vox se hará hoy el hara-kiri parlamentario mientras su hinchada aborregada continúa aplaudiendo el estrepitoso fracaso, evidenciando cuán desnortada está. Mientras, Pablo Casado suda frío y gestiona esta moción de censura del mismo modo que la crisis de la COVID-19: dubitativo, desdiciéndose, con continuas contradicciones y un rumbo errático.

La noche en vela que habrá pasado el líder del PP vuelve a evidenciar cuán grande le queda el puesto. El licenciado de Aravaca no tiene claro ni el portavoz ni el sentido del voto; ha caído en la trampa de  Santiago Abascal y ayer no se echó a llorar ante las cámaras por una mera cuestión de orgullo macho. Si no fuera por lo mezquino del personaje, hasta daría pena, pero en lugar de eso resulta penoso.

Casado va a intentar arremeter contra el gobierno de coalición, especialmente contra Pablo Iglesias y Unidas Podemos, pero tendrá que medir mucho sus palabras para no parecer el eco de Abascal. Si cae en la clonación del argumentario de Vox volverá a entrar en contradicción: ¿por qué no ha pactado un candidato para la nueva investidura con la extrema derecha que salió del PP ?

Casado está en un callejón sin salida, anunciando que será él mismo el portavoz de la moción para luego desdecirse por boca de su portavoz parlamentaria, Concepción Gamarra, que es muchas cosas menos cuca, como demostró ayer en su comparencia o días previos cuando llamó "dictador" a Sánchez. Parece mentira que en el partido que más impulsa la meritocracia exista tanta mediocridad a las riendas.

¿Sin salida? Bueno, sin salida no. Ese callejón tiene la salida de la honestidad, del sentido de Estado y de la democracia... pero esos son ingredientes que no se reparten en Génova ni en sobres ni en cajas de puros. Cerrar el paso a Vox y su argumentario fascista debería ser una prioridad democrática, pero Casado no lo hará, jugará con la ambigüedad, no sólo por depender de la extrema-derecha para gobernar en Madrid o Andalucía, sino porque ambas formaciones, Vox y PP comparten ADN y ayer la senadora María Adelaida Pedrosa nos lo volvió a recordar.