Posos de anarquía

Cría cuervos

Foto de archivo del líder del Partido Popular, Pablo Casado y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. EFE/Rodrigo Jiménez

Carmen Morodo firma hoy en La Razón un interesante artículo en el que explica cómo en el PP quieren atar en corto a Isabel Díaz Ayuso. La figura de la presidenta madrileña ha crecido tanto que ha engullido literalmente la de Pablo Casado, tan perdido en las procelosas aguas de la extrema-derecha y sus continuos vaivenes con la moderación que pierde peso en la escena nacional.

Casado vivió momentos de gloria tras la moción de censura de Vox. Coincidió su vuelta a la moderación, aplaudida tanto por la izquierda como por la derecha, con una caída en la valoración de Ayuso por el repunte de la segunda ola de contagios de coronavirus en Madrid. Todo aquello ha quedado atrás.

Mientras Casado vuelve a borrarse del mapa, Madrid mejora sus cifras de COVID y Ayuso mantiene su línea de exabruptos creyendo que cualquier cosa amenaza la unidad de España y reclamando querer ser la peor pesadilla de la izquierda. Un lujo que Casado no se quiere ni puede permitir.

Quienes en su día vieron en Ayuso en una candidata moldeable, fácil de controlar, una peona obediente, no contaban con un factor que lo cambiaría todo: Miguel Ángel Rodríguez. El que fuera mano derecha de Aznar y, en gran parte, artífice de su ascenso desde Ávila a la política nacional, anda haciendo de las suyas en la Puerta del Sol.

El jefe de gabinete de Ayuso ha resucitado de sus cenizas y está contribuyendo a que la presidenta madrileña se haya convertido en una pesadilla para Casado antes de serlo, incluso, para la izquierda. El licenciado de Aravaca sufre que él mismo haya contribuido a encumbrar a Ayuso como símbolo del PP y, ahora, no sepa cómo rebajar ese protagonismo; aquello de cría cuervos y te sacarán los ojos.

Un verdadero líder, en realidad, no tendría necesidad de hacer de menos para ser más, deberían bastar sus méritos para brillar por sí mismo, pero no es el caso de líder del PP, que ha hecho demasiadas veces el Rivera  con sus bandazos del centro a la derecha y la extrema-derecha. Ahora, la posibilidad del "golpe de Estado institucional", como indica Morodo, pueden terminar de ser su puntilla.