Posos de anarquía

Lealtad a Cifuentes

Cristina Cifuentes el día de la primera sesión de su juicio por el máster de la URJC. — David Fernández / EFE

Conocíamos ayer la sentencia del conocido como Caso Máster en el que se juzgaba la falsificación del máster de la expresidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes (PP). La popular ha sido absuelta por falta de pruebas, lo que conviene recordar que no es sinónimo de inocencia, sino de incapacidad para demostrar culpabilidad. Sin embargo, lo que los magistrados sí han podido demostrar es la lealtad de la entonces asesora de Cifuentes, Teresa Feito, que al parecer, sin recibir presiones ni ser inducida por su jefa, decidió quebrantar la ley para que su superiora apareciera ante la opinión pública como más cultivada de lo que realmente es.

¡Oh! No me negarán ustedes que eso es entrega, eso es lealtad por tu jefa. ¿Quiénes de ustedes quebrantarían la ley para que sus jefes puedan presumir de contar con un máster que no merecen? Diría más, ¿quiénes de ustedes, además, se comerían tres años de cárcel con tal de que su jefa pueda seguir paseándose por los platós de televisión inmaculada, con la única mancha de haber intentado robar unas cremas en un centro comercial? Que oye, coaccionar e inducir al delito no, pero la manita larga sí que la ha tenido un poco.

No se me amontonen, que según lo que ha deducido esta Justicia española tan nuestra, serían muchos y muchas de ustedes quienes se arriesgarían así por sus superiores. ¡Qué gran corazón! ¡Qué altruismo y devoción debía de sentir Feito por Cifuentes para meterse en semejante embolado sin que ella se lo pidiera/exigiera! Y ahí está, continuando comiéndose el marrón. Todo es poco para su Cifuentes, aunque como ella misma se hartó de decir en el juicio, ni siquiera son amigas. Eso es lealtad a tu jefa y lo demás, tontería.

Y mientras, ahí está la pobre Cifuentes, que en el fondo ha sido estafada, porque ella se creía con méritos para presumir de máster y la valía que demostró no alcanzaba para tanto. Presumió de lo que no tenía y en su infinita ingenuidad ni siquiera se imaginaba que hubiera algo raro para que sin haber ido a clase, sin haber realizado los exámenes y sin ni siquiera defender su trabajo de fin de máster podía haberlo sacado adelante. Si lo extraño de todo, siempre según se desprende de lo que ha entendido la Justicia, es que viendo lo sencillo que resultaba no se sacara media docena de másters más.  Ahí hay que admitir que estuvo poco viva, cachis.