Posos de anarquía

Kale borroka sanitaria

Varios jóvenes saltan y bailan en la Puerta del Sol.EFE
Varios jóvenes saltan y bailan en la Puerta del Sol.EFE

Si aplicáramos el discurso de confrontación que tanto gusta a la derecha, los macrobotellones vividos en España tras el decaimiento del estado de alarma nos llevarían a hablar de kale borroka sanitaria. Las hordas de inconscientes poniéndonos en peligro a toda España, tanto desde la óptica de salud pública como económica, son responsables de sus actos, independientemente de las decisiones de nuestros gobernantes, que escudándose en eso hacen mutis por el foro.

Las concentraciones de personas sin respetar ni la ley ni las normas de seguridad sanitarias más esenciales se sucedieron por buena parte del país. Tras terminar el toque de queda, la gente -y es importante precisar que no sólo jóvenes- inundaron las calles a medianoche para seguir de fiesta, como si en ello les fuera la vida cuando, en realidad, precisamente por hacerlo igual la pierden ellos y sus seres más queridos.

La estupefacción e indignación del personal sanitario era máxima ante esta suerte de kale borroka sanitaria, de ese rebaño de personas que identifican diversión con borracheras y consumo de droga hasta altas horas de la madrugada, incluso, en plena pandemia. Después de haber controlado la cuarta ola mucho mejor de lo que lo ha hecho el resto de Europa, este nuevo desliz puede dar al traste con todo eso.

Si aplicáramos la doctrina de la derecha a la hora de juzgar los hechos, además de utilizar términos como kale borroka, emplearíamos titulares como "el Ayusismo se extiende por toda España". La campaña electoral que ha llevado al PP a arrasar en las elecciones de Madrid se basaba en la exaltación de la libertad individual, que es la misma que ahora están utilizando quienes andan de macrobotellón nocturno.

Ayuso abrió la caja de pandora que ahora el portavoz de su partido y alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almedia, quiere cerrar. Complicado pedir a un miura que se detenga en seco cuando les has mostrado el capote. A pesar de ello, el cinismo de los populares no tiene límite: reprochan al gobierno central no haber renovado el estado de alarma, a pesar de que la incidencia acumulada de España baja ahora de 200 casos, mientras que hace seis meses, cuando el PP no avaló el estado de alarma, la incidencia superaba los 468 casos.

No sólo eso, sino que el PP acusa al gobierno de haber dejado a las Comunidades Autónomas (CCAA) sin cobertura legal, cuando es falso. Bien es cierto que la mayoría de los expertos sanitarios recomendaban extender el estado de alarma pero, decaído éste, todas las CCAA puede solicitar a sus Tribunales Superiores de Justicia (TSJ) mantener las restricciones. En Madrid y Andalucía ni siquiera lo han hecho, lo que viene a avalar el fin del toque de queda  y demás restricciones, toda vez que incluso en Andalucía ya se permite la apertura de discotecas hasta las dos de la madrugada.

El PP era más partidario de elaborar una ley para que, sin estado de alarma que apruebe el Congreso o sin intermediación judicial, nos pudiera privar de derechos fundamentales como el de reunión o de libre circulación. Todo un atropello a la democracia, a los derechos conseguidos con tanto esfuerzo y que, con la pandemia como parapeto, están ahora más amenazados que nunca.

Escuchar ahora al ayusismo quejarse de los macrobotellones del fin de semana contrasta con el modo en que celebró su victoria electoral, incumpliendo todas las medidas sanitarias, sin distancia de seguridad en Génova, sin mascarillas en muchos casos... entre otras cosas. Lo vivivo aquella noche del 4 de mayo a los pies de la sede del PP no era tan distinto a lo que se pudo ver en las calles del país en la noche del sábado al domingo, con personas que abrazan el concepto erróneo de libertad de Ayuso. Cuando escaseen los respiradores, que no les falten, al menos, barriles de cerveza.