Posos de anarquía

Luz por las nubes y sociedad sin chispa

Central eléctrica en Madrid- Jesús Hellín / EUROPA PRESS

Terminaremos agosto como el mes con la factura de la electricidad más cara de la historia, con otro día hoy de máximo histórico. Esta situación no se traslada solo al recibo de la luz en los hogares, sino en los servicios, en los alimentos... en todo. Sin embargo, las calles están en calma, con cifras de facturación en la hostelería similares a las de 2019. Es éste el escenario ideal para la queja, junto a las redes sociales, con una sociedad narcotizada a base de cañas que tiene la clase política que merece.

¿Por qué en países como Chile el pueblo se echa a la calle ante la subida abusiva de los combustibles? ¿Por qué en Francia los chalecos amarillos son capaces de poner contra las cuerdas a Macron? Y, sobre todo, ¿por qué aquí en España, con la energía más cara de Europa, pataleamos como niños malcriados y nos contentamos con una rabieta que no tiene ninguna repercusión, más allá de engordar esa ínfula de creernos revulsivos?

No se trata únicamente de malestar, es una auténtica situación de emergencia para muchas personas, incapaces de llegar a fin de mes en sus hogares, con miles de pequeños negocios al borde del cierre justo cuando remontaban los efectos de la pandemia. Sin embargo, en las calles no se ve un alma, salvo por los botellones.

Las protestas se sofocan a base de cañas y bronceador y nuestra clase política se da cuenta de ello, con la campaña electoral de Isabel Díaz Ayuso (PP) como máximo exponente de ello. Tanto Gobierno como oposición son responsables del tarifazo que sufrimos; sus políticas durante décadas han derivado en fortalecer al lobby energético, hasta el punto de que, incluso, cuando defrauda cuenta con la complicidad de las instituciones, como demuestra el modo en que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) se niega a publicar los nombres de las eléctricas que han cobrado de más a los consumidores, incumpliendo la Ley de Transparencia (habitualmente pisoteada por todas las Administraciones).

A pesar de esta complicidad de PP y PSOE en nuestra desgracia energética, ni siquiera cuando tantas familias y negocios están en la UCI son capaces de dejarde parchear, asumir su responsabilidad y resolver el problema que han creado. Lejos de eso, maniobran para sacar rédito político y lo más trágico de todo es asistir a la pasividad social, a la resignación disfrazada puerilmente de indignación.

Por estas fechas se habla de inicio de curso político, centrando las miradas en los servidores públicos, pero va siendo hora asumir que para la sociedad también se inicia el curso político, que hay que tomar posiciones, que es imperativo cristalizar el mensaje de cara a nuestros representantes de que no tienen un cheque en blanco, de que las calles pueden vibrar cuando no están a la altura. Ni sondeos electorales que inquietan ni reclamos de citas adelantadas con las urnas, lo que hace falta es que, ante la subida de la luz, la sociedad recupere su chispa y todas y todos a una exijan soluciones, no parches.