Posos de anarquía

España racista

Concentración contra el racismo en Madrid. - Jesús Hellín / EUROPA PRESS

El pasado fin de semana ha sido noticia cómo Mayuu Ruiz, fallera mayor de la falla Portal de Valldigna-Salinas en 2020 y 2021 y candidata a la Corte de Honor de València para 2022, ha sufrido ataques racistas y xenófobos en redes sociales. No es un episodio de racismo aislado en nuestro país; cuanto antes encajemos que, pese a no contar con un respaldo legislativo, España mantiene algo más que un poso racista, antes estaremos en disposición de atajar esta vergüenza nacional.

Mayuu lleva más de una década trabajando por la fiesta fallera desde el barrio del Carmen de València, algo no sólo que ignoran quienes ha lanzado mensajes intolerables contra ella, sino que supera con creces lo que hayan hecho en toda su vida esos miserables por mantener una fiesta a la que quieren ahora imponer filtros artificiales.

Lamentablemente, el caso de Mayuu no es ni anecdótico ni puntual. Entiendo que admitir esta realidad de España racista es duro, porque especialmente quienes no besamos banderas ni se nos llena la boca de "patria" sentimos una profunda vergüenza por ello; sin embargo, es así, vivimos en un España racista. Lo dicen las estadísticas oficiales y las víctimas.

Cualquier persona que no encaje físicamente con el aspecto que se presupone español puede poner encima de la mesa multitud de situaciones en las que ha vivido ese racismo en carnes propias. Son esas personas a las que ahora se llama "racializadas", término que personalmente rechazo porque, ¿acaso racializados no estamos todas y todos? ¿Estamos convirtiendo el "racializado" en el nuevo "de color" para no decir "negro" o "negra"? El modo en que se usa el lenguaje es una prueba más de la España racista.

Cualquier persona que no encaje en la categoria racial que erróneamente se atribuye al español es susceptible de sufrir insultos, desprecios o, incluso, agresiones. Discriminación en todo caso, en la Educación, en el transporte público, a la hora de acceder a un trabajo o a un alquiler... Su nacionalidad es irrelevante, porque ninguna persona, sea española o no, debería ser discriminada por el color de su piel. Nadie debería sufrir eso, pero el hecho de que la cada vez más numerosa población con aspecto negro, chino, árabe, etc. nacida en España sean increpados con un "vuelve a tu país" o "la gente como tú" -o no sean felicitad@s al ganar medallas olímpicas-evidencia la ignorancia del racista... aunque ser racista lleva ya implícita esa carencia de conocimiento.

Quienes digan que España no es racista es porque no abren bien ni sus ojos ni sus orejas, porque la realidad es incontestable, aunque haya quienes intenten camuflarlo con la conjunción "pero"... ya saben, "yo no soy racista, pero..."... sería más acertado y honesto cambiar el orden con un "yo soy racista, pero...".

El caso de Mayuu engrosa aún más las estadísticas de racismo en España y de esa sensacion de impunidad que tiene el racista, esa normalización que, al amparo del ascenso de la extrema-derecha en nuestras instituciones, se está tratando de aplicar a la discriminación y que no deberíamos consentir. Hay que parar en seco este retroceso, este intento por parte de algunos colectivos de regresar a la brutalidad, a la realidad irracional que niega la diversidad. Si para alguien no hay espacio en esta sociedad libre, es para esas personas, las racistas, sin duda alguna una cualidad a extinguir.