Posos de anarquía

La izquierda andaluza no ilusiona

Moreno Bonilla durante el último Debate sobre el Estado de la Comunidad.- María José López / Europa Press

Todo el mundo mira al sur. Andalucía, en la que desde hace meses suenan tambores de elecciones anticipadas, puede ser el principio de todo (otra vez). No hay un solo partido que no precise un buen resultado en esas elecciones: el PP para asentar el liderazgo de Casado y aplacar la ambición de Ayuso; Ciudadanos para no desaparecer definitivamente; el PSOE para reivindicarse más allá de la corrupción de los ERE, Unidas Podemos para dejar atrás a su otrora gran promotora, Teresa Rodríguez, y hoy patada en la espinilla con su proyecto Adelante Andalucía; Más País para extender sus tentáculos amplificando sus buenos resultados de Madrid y Vox para replicar el pasado, es decir, usar Andalucía como trampolín nacional.

Así las cosas, PP, PSOE y Vox están utilizando los presupuestos como una auténtica partida de ajedrez. La estrategia lo es todo y saber identificar qué fichas se pueden sacrificar en previsión de una mejora no es sencillo. Vox está poniendo en jaque al PP negando frontalmente su apoyo a las cuentas del gobierno andaluz (PP-Cs), mientras coquetea con Macarena Olona como candidata para marcarse un 'ayusada' a la andaluza.

El flirteo de Juan Manuel Moreno (PP) con Juan Espadas (PSOE) para la aprobación de las cuentas, espolea al partido de extremo-derecha. Este acercamiento entre los estandartes del bipartidismo tiene tantos vaivenes, tantos tira y afloja, que de cara al próximo 24 de noviembre, cuando tenga lugar el debate de totalidad de la Ley de Presupuestos, no está claro que el gobierno andaluz sea capaz de sacar adelante las cuentas.

Lo mejor que le podría pasar a Espadas es que Vox volviera a marcarse un gatillazo de los suyos, esto es, amenaza con una enmienda a la totalidad y, finalmente, apoyar llevándose su correspondiente tajada. Ese movimiento le permitiría demonizar a Moreno y su pacto fascistoide y, sobre todo, ganar tiempo para su liderazgo en construcción, porque ni el PSOE ni su misma figura están ahora para demasiadas alegrías electorales.

De no sacar las cuentas, Moreno tendrá que afinar aún más sus cálculos. El líder del PP andaluz lleva meses haciendo números para saber hasta que punto es capaz de absorber a Ciudadanos para no depender de Vox en una futura legislatura. Si siente que le salen los números, no dudará en incumplir su promesa de agotar su pacto con Juan Marín (Cs)... pero no son cuentas en absoluto claras por el peso que pueda llegar a tener Olona.

En cuanto al resto del ala izquierda, siendo realistas, tiene más de convidado de piedra que de actor determinante, uno de esos entrenadores espontáneos de fútbol que desde el sillón ve el partido con palomitas, sentando cátedra pero sin influir en el resultado. Conscientes de ello, encima de la mesa está la posibilidad de concurrir juntos a las elecciones, pero ni está claro lo positiva de esta unión, ni siquiera si realmente es posible. Pensar una alianza entre Unidas Podemos y Adelante Andalucía después del fuego cruzado entre ambas formaciones parece algo ingenuo. Una cosa es un pacto de no agresión en campaña, como pide Rodríguez para no dar alas a la extrema-derecha, y otra unirse en una suerte de marea en la que chocarían frontalmente el modo en que ven la política -que es lo que propició la salida de Rodríguez-.

Con un PSOE a medio gas que todavía tiene un líder por descubrir y el resto de la izquierda, hoy por hoy, sin billete más allá del furgón de cola y sin fuerzas aparentes para ilusionar, arrebatar el poder a la derecha es más un deseo que una posibilidad factible. Este planteamiento cobra aún más fuerza si se echa la vista atrás, cuando el tándem Teresa Rodríguez-Antonio Maíllo (Unidas Podemos) despertó una ilusión en campaña aplaudida, incluso, por sus detractores para después sufrir un auténtico descalabro. Mucho habrían de cambiar las cosas para dejar de ver a Moreno Bonilla en San Telmo tras unas nuevas elecciones; tanta fuerza tiene esta posibilidad, que quizás el deseo más realista al que puede aspirar la izquierda andaluza es que, al menos, lo haga en solitario y en minoría, con un Vox debilitado... e incluso eso es soñar demasiado, me temo.