Posos de anarquía

Ayuso y la alfombra roja para la mentira

Ayuso durante su paso por el programa 'El hormiguero'.

Día completo el de ayer para la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso: mañana sobreactuada en la catedral de la capital -a la que parece limitar su gobierno, cuando en realidad debería mirar al resto de Comunidad- y noche aún más sobreactuada en el plató, con un interlocutor complaciente que evidenció, una vez más, que no es periodista, precisamente. El paso de Ayuso por un programa de entretenimiento se presta a la mofa, pero prefiero abordar la sarta de mentiras que soltó entre risas y chascarrillos desde otra óptica.

Ayuso se autodefinió cuando expuso algunas de las "cosas buenas de ser presidenta". Entre ellas destacó "sobrevolar el Wanda Metropolitano con un helicóptero y verlo nevado durante Filomena". Lo que para ella es uno de los momentos más satisfactorios de su presidencia, uno de los que lleva escritos en una nota en su teléfono móvil, decenas de familias en la Cañada Real padecían un frío atroz tras haber pasado todo el invierno sin luz, produciéndose la muerte de un vecino de 74 años, sin que el Gobierno de la Comunidad de Madrid hiciera más que criminalizar a estas víctimas. Ni una mención tuvo para ellas.

Y es que toda su intervención se articuló sobre un mismo eje: presentarse como una víctima de los ataques de la izquierda y como una servidora pública para la que Madrid es su vida... y, de paso, le regala otro momento apuntado en el móvil como otra "cosa buena de ser presidenta": "Mi viaje a Arabia Saudí" para ver la final de la Supercopa (no de la Copa del Rey, como afirmó anoche). Ni una mención a qué ha hecho por la Sanidad o la Educación pública, por ejemplo, ambas a la cola de inversión pública en España.

Como alumna aventajada de las fake news de Trump, no dudó en recurrir a la mentira para sostener su discurso, llegando a afirmar que el Congreso no aprobó los estados de alarma en cuya aprobación, incluso, el propio PP dio el voto favorable en diversas prórrogas. Ayuso quiso poner en valor su gestión de la covid-19 pese a ser la Comunidad que más muertes ha registrado -sin ser la más poblada- y para ello volvió a tratar de manipular a la audiencia: con el objetivo de avalar su ligereza a la hora de imponer restricciones en espacios públicos, aseguró que durante el temporal Filomena, cuando no se podía salir de casa, es cuando se registró uno de los picos de contagios.

No contó y su interlocutor ni se molestó en advertirlo, que la incubación ronda los 7-9 días y que, por tanto, los contagios registrados durante Filomena son producto de las Navidades en Madrid. En su lugar volvió a recurrir a la mentira, como lo hizo cuando acusó al Gobierno de España de impedir a Madrid saltar de fases apoyándose en informes falsos... cuando en realidad no se produjo alguno de esos saltos porque Madrid no remitió los informes que debía ni en tiempo ni forma... hasta sus responsables de Atención Primaria y de los hospitales de la Comunidad de Madrid dimitieron...

Ayuso utilizó la treta más antigua de la manipulación: aparecerse como víctima cuando en realidad es atacante. Anoche ocultó los insultos, el lenguaje grosero y soberbio que despliega en la Asamblea de la Madrid para volver a hacer un elogio de las terrazas, esas que en la Comunidad que gobierna no se puede permite más de un millón de personas. Según el informe "El Estado de la Pobreza. Seguimiento del indicador de pobreza y exclusión social en España 2008–2020", realizado por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social en el Estado Español (EAPN-ES) y del que se hizo eco Telemadrid, uno de cada cinco madrileños se encuentra en situación de pobreza y en riesgo de exclusión social (cobrando menos de 9.600 euros al año), lo que supone más del 20% de la población madrileña. Mientras Ayuso insiste una y otra vez en el discurso de las cañas, el número de familias en Madrid que no se pueden permitir una comida de carne, pollo o pescado cada dos días se ha duplicado.

La empatía con quienes peor lo pasan es nula, prefiriendo ser jaleada por quienes sí se irían de cañas con ella. Ni siquiera fue capaz ayer de asumir que el protocolo de la muerte que desplegó en las residencias de mayores y que impedía el traslado de los contagiados por COVID a los hospitales incrementó la tragedia. Sus mentiras terminaron cenándosela de un bocado, asegurando que ninguna muerte podría haberse evitado y que nadie murió solo para, un segundo después, jactarse de la placa en la Casa de Correos en recuerdo de quienes murieron solos. Esperpéntico.

Ayuso afirmó que nunca saltará a la escena política nacional, que su única ambición es estar al frente de la Comunidad de Madrid, algo que no se creyó ni Pablo Casado. Trató de reivindicarse como una servidora pública austera cuando su número de altos cargos es mayor que antes de la pandemia, sus bajadas de impuestos se teledirigen a las familias más acaudaladas y su defensa del empresariado va por barrios... que se lo digan si no a la empresa de ambulancias que subcontrató para ayudar en las residencias y a la que aún a día de hoy no ha pagado la Comunidad de Madrid.

Su discurso fiscal tramposo que privilegia a los más ricos también estuvo presente anoche, obviando, claro está, que lo que deja de recaudar a las grandes fortunas de Madrid se lo reclama después al Gobierno de España. Es un ejemplo más de la alfombra roja para la mentira que anoche le tendió el presentador del programa que, al menos en esta ocasión, no dedicó explícitamente comentarios machistas y babosos a su interlocutora.

Mientras para miles de familias Ayuso pasará a la historia como quien gobernaba cuando se impidió que sus seres queridos tuvieran una oportunidad para sobrevivir a la covid-19, ella recordará su mandato como el Wanda nevado. Así de crudo. Así de duro.