Posos de anarquía

Macrogranjas y macrotontos

Imagen de archivo de una granja porcina.- AFP

El modo en que la derecha está retorciendo las palabras del ministro de Consumo, Alberto Garzón, para tapar sus carencias programáticas es pasmoso. No dedicaré esta columna a volver a arrojar luz sobre lo que realmente dijo Garzón, que nada tiene que ver con el bulo que explota y amplifica el inane PP, el irrelevante Ciudadanos o el trágicocómido Vox; pongo el foco, en cambio, en quienes les compran esa narrativa tramposa y chapucera de vendedor de crecepelo... porque si hay macrogranjas, hay macrotontos.

Sobre qué dijo realmente Garzón y cómo el resto de Europa apoya su discurso se ha escrito mucho ya; quienes a estas alturas continúen instalados en el bulo tan solo tienen dos excusas: o son negacionistas de la realidad, alineándose cual hincha político con los discursos de quienes se acuerdan del campo poco o nada, o se dejan engañar, bien porque quieren o bien porque son de escaso entendimiento... tontos, vaya.

El PP nunca se ha esforzado demasiado en cuidar las formas: si hay que suprimir archivos digitales, se arrean martillazos al disco duro; si hay que ocultar corrupción, "M. Rajoy" se disocia con descaro del nombre del expresidente y si hay que defender las macrogranjas, se da un paseo por el campo. Así de fácil, ¿para qué sutilezas si uno se rodea de negacionistas y tontos? Los aplausos están asegurados.

Ver este fin de semana a dirigentes del PP como Teodoro García Egea o Pablo Montesinos visitar granjas extensivas para defender las macrogranjas intensivas y cargar contra Garzón sería cómico si no fuera por la cantidad de idiotas que arrastran con ellos. En primer lugar, los propietarios de las explotaciones que se prestan a este espectáculo, que hacen un flaco favor a su propio sector.

Si quieren la cabeza de Garzón, al menos, por una cuestión de decencia política, deberían visitar una macrogranja de las criticadas por el ministro, en lugar de acudir, precisamente, a las explotaciones que éste defendió. Los tontos que siguen aborregadamente al PP en estas críticas, sin percatarse de que el escenario que escogen los populares nada tiene que ver con las críticas vertidas por Garzón, son piezas de quita y pon. La facilidad con que son manipulables permite que hoy alimenten esta polémica y mañana la opuesta. Son autómatas cuyo voto vale igual que el resto y con eso juega la derecha. No es una práctica exclusiva de los conservadores, pero lo cierto es que la izquierda, a su lado, es una novata.

Así las cosas, quizás es mejor no mirar atrás y seguir adelante. Mientras la derecha parece querer arreglar con las macrogranjas los problemas que enfrenta Castilla y León, incluida la pésima gestión de su sistema sanitario tal y como lo admitió el propio vicepresidente Igea (Cs), la izquierda debería desplegar su abanico de propuestas, su programa. En pocas palabras, ir a lo suyo, porque los negacionistas políticos son cautivos y, respecto a los tontos, lo esperable es contener el contagio no curarlos, pues eso está más en su mano.