Posos de anarquía

Invasiones de primera y de segunda

Sultana y su familia junto a acivistas del Human Rights Action Center. - HRAC

Después de haber estado ignorando durante ocho años la guerra que se libraba en los vecinos de este, Europa ahora pasa de puntillas por los vecinos del sur. El conflicto que se vivió durante casi una década en el Donbás era una luz de alarma más que advertía del trágico desenlace que se vive hoy en Ucrania. Se ignoró. Desde hace casi un año y medio, en el Sáhara Occidental se libra una guerra provocada por Marruecos contra un pueblo saharaui desamparado, aunque desde la ONU a organizaciones como Amnistía Internacional o Humans Right Watch acusan al régimen de Mohamed VI de violar sistemáticamente los Derechos Humanos (DDHH).

La revisión que dice estar llevando la Unión Europa de sus políticas de vecindad y, más concretamente, de la Agenda para el Mediterráneo, queda en papel mojado. Las "10 propuestas para una nueva agenda para el Mediterráneo" que trata de impulsar Podemos en Bruselas no sirven absolutamente de nada si no se acompañan de hechos. Y no se acompañan, no al menos de hechos coherentes, pues Europa tiene las manos manchadas de sangre al obviar el mismo respeto por la vida que merece el pueblo saharaui.

Después de más de 480 días retenida ilegalmente en su domicilio por las fuerzas de ocupación marroquíes en la ciudad de Bojador, la activista saharaui Sultana Jaya recibió ayer una agradable visita. Un grupo de activistas de DDHH del Human Rights Action Center (HRAC) logró superar a los opresores con el fin de proteger a Sultana y su familia de los abusos que lleva sufriendo desde noviembre de 2020: violaciones sexuales, allanamientos de morada, envenenamiento del agua, cortes de electricidad, destrozo de propiedad, agresiones físicas... son sólo algunos de los hechos denunciados y ante los cuales España y la UE miran para otro lado.

A ninguno de los dos les parece interesar la liberación de Sultana, toda vez que es la presidenta de la Liga Saharaui para la Defensa de los Derechos Humanos y la Protección de los Recursos Naturales del Sáhara Occidental, algo que choca con el modo con que desde Bruselas se niegan a cumplir las sentencias judiciales que obligan a suspender los acuerdos comerciales y de pesca UE-Marruecos en el Sáhara Occidental.

Sultana, además, es miembro de la Comisión Saharaui contra la Ocupación Marroquí (ISACOM), porque lo sucedido en el Sáhara Occidental guarda muchas similitudes con lo acontecido en Ucrania. En 1975, el Marruecos de Hassan II invadió el Sáhara Occidental del mismo modo que la Rusia de Putin ha hecho con Ucrania. La diferencia es que entonces y durante los casi 47 años desde que sucedió aquello, a la Comunidad Internacional no le ha importado absolutamente nada, permitiendo que Marruecos masacre a la población saharaui.

De nada sirve que incluso el pasado mes de julio, la relatora especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los DDHH, María Lawlor, condenara las represalias contra Sultana Jaya y expresara su "preocupación por el aparente uso de la violencia y la amenaza de violencia para prevenir y obstruir a las defensoras de derechos humanos en sus actividades pacíficas".

De nada parece servir que días antes de que los activistas de HRAC burlaran las fuerzas marroquíes para reunirse con Sultana, el Grupo de Trabajo sobre Detenciones Arbitrarias de Naciones Unidas (GTDA) exigiera a Marruecos la inmediata liberación de Yahya Mohamed Elhafed Iaazza, el preso político saharaui más antiguo del Sáhara Occidental, en la cárcel desde hace de 14 años.

El GTDA denuncia que Yahya Mohamed fue detenido arbitrariamente por su activismo político, habiendo sido obligado a confesar bajo tortura, juzgado y privado del derecho a un abogado defensor. Presidía en la ciudad de TanTan la asociación CODESA, que defiende a las víctimas saharauis de la tortura y a los presos políticos. Tampoco Europa o el Gobierno de España se pronuncian al respecto y desde que organizaciones como FiSahara hicieran público este pronunciamento del GTDA, la ONU ha retirado de su página web el acta de la 46ª sesión del grupo en la que se denunciaba el comportamiento de Marruecos.

Son días difíciles para ser saharaui, más que nunca. A la lógica alegría por ver cómo la UE y España se comportan con los refugiados ucranianos, cómo incluso el amplio conjunto de la sociedad española lo hace, se une la desazón por no haber percibido nada de esto en  carnes propias durante casi 47 años.

Incluso en la condición de refugiados, los hay de primera, de segunda y de tercera, como hay conflictos internacionales que importan únicamente por las consecuencias directas que tienen en los Estados y no por el bienestar de las víctimas. En el caso del pueblo saharaui, no se producen esfuerzos internacionales por detener los abusos de Marruecos, y la inmensa mayoría de los medios de comunicación silencian este atropello de DDHH. Quizás algún día España y la UE se lamenten por el modo en que han fomentado la impunidad de Marruecos, al que ya teme incluso el ex Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD) Fernando Alejandre, que afirma que el reino alauita es una amenaza "directa" sobre España porque pasará de hechos como asaltos a la frontera de Ceuta y Melilla a un conflicto armado más convencional.