Posos de anarquía

Olona y la malafollá

Olona, de bodegas en Jérez. - Joaquín Corchero / Europa Press

Andaluces Levantaos no quiere trampas en las próximas elecciones andaluzas y, ¿puede haber mayor fraude que pretender decidir el futuro de Andalucía cuando ni siquiera se reside aquí? Eso es lo que sucede con la candidata de Vox, Macarena Olona, cuyo conocimiento de la Comunidad no pasa de algún que otro veraneo. Su empadronamiento en Salobreña (Granada) es, a todas luces, contrario a ley y precisamente por ello Andaluces Levantaos ha impugnado su candidatura. Olona, cual Zarzamora, a todas horas llora que llora por los rincones... del Congreso y más allá.

Hace siete años que di con mis suelas en esta maravillosa tierra y puedo afirmar con rotundidad que, dentro de su acogimiento generoso, pocas cosas hay que revienten más a un andaluz o andaluza que llegue alguien de fuera e imite su acento, por lo general, de manera bastante zafia. Y Olona ha comenzado con muy mal pie diciéndose de "Graná", sumiéndose en el ridículo.

Su mal pie, en realidad, se inició antes, a la luz de lo que declarado por Manuel Martín, presidente de Vox Granada y propietario de la casa de Salobreña en la que se ha empadronado Olona, que afirmó que ésta no vive regularmente en esta localidad, visitándola únicamente de vacaciones. La ley es muy clara al determinar que "toda persona que viva en España está obligada a inscribirse en el padrón del municipio en el que resida habitualmente" y no es el caso de Olona, según Martín.

Así las cosas y como muy bien indica en su escrito de impugnación Andaluces Levantaos, la Ley 1/91986, de 2 de enero de 1986 electoral de Andalucía exige que los candidatos o candidatas en las elecciones autonómicas han de ser electores, condición que solo brinda el empadronamiento. Blanco y en botella: todo indica que Olona ha hecho trampas, antes incluso de iniciarse la campaña electoral.

Lo que resulta curioso es que sea Andaluces Levantaos quien tenga que interponer un recurso y no sea la Junta Electoral andaluza la que actúe de oficio cuando se hace trampas delante de sus narices. Los empadronamientos ficticios son una de las triquiñuelas más habitualmente practicadas para conseguir plaza en una guardería o colegio público cuando éstos no les corresponden por zona. Las familias recurren entonces a empadronarse en casa de los abuelos, los tíos o algún amigo. La multa por una infracción de este tipo puede alcanzar hasta los 150 euros.

Si por el contrario se comete fraude para ostentar un cargo público, parece ser que una se puede ir de rositas. Ya existen precedentes, como el empadronamiento de Javier Maroto (PP) en Sotosalbos (Segovia) para que pudiera ser Senador, alejándolo del frío que arrecia fuera de la política. ¿De verdad la ley es igual para todos y todas? Por otro lado, no deja de ser sorprendente que la ley establezca que es responsabilidad de los Ayuntamientos la comprobación e inspección del padrón y que la alcaldesa de Salobreña sea del PSOE. Menudo patinazo.

Andaluces Levantaos, para que quienes anden despistados, les explico que originariamente era la marca que agrupaba a Más País, Iniciativa del Pueblo Andaluz y Andalucía x Sí (AxSí), pero que tras la marcha de las dos primeras a Por Andalucía y la negativa de AxSí por considerar que perdía esencia andalucista al depender de partidos de Madrid, se ha mantenido con AxSí tirando del carro. Precisamente su carácter andalucista, que comparte con el Adelante Andalucía de Teresa Rodríguez, es el que ha llevado a la formación a rechazar paracaidistas, más aún si éstos son de extrema-derecha.

La reacción de Olona ante la pillada in fraganti de su jugarreta es presentarse como una víctima, cuando en realidad las víctimas somos quienes conformamos el electorado andaluz. Su desfachatez raya en lo absurdo, del mismo modo que si, al detener a un borracho al volante, éste le reprochara al agente de policía que le pisotea su derecho a la libre circulación.

Quizás, en esa nueva actitud impostada de 'granaína' de postín, cree Olona que despliega su malafollá, pero no puede estar más equivocada. Como bien apuntó en su ensayo de humor el poeta Pepe Guevara, que nos dejó hace ya tres años, la malafollá "es una suerte de mala hostia gratuita que los granadinos reparten sin ton ni son a todo aquel que les rodea y que, en ningún caso, denota mal carácter, ni mala educación, ni animadversión en particular por el interlocutor. Tampoco denota desinterés o apatía en el granaíno, como dicen algunos". Olona destila mal carácter, mala educación y una especial animadversión... y eso que está de vacaciones, imaginen cuando se ponga a trabajar.