Posos de anarquía

Por Andalucía, lo que mal empieza, mal acaba

Inmaculada Nieto (Por Andalucía) votando en Cádiz, aunque encabezaba la lista de Málaga. - EFE / A. Carasco Ragel

Las alegrías en Andalucía no iban por barrios anoche; únicamente se concentraba en uno, en el del Partido Popular (PP), que arrasó. En el resto, todo era penar, trufado con algún consuelo, como ver que la presencia de Macarena Olona ha sido irrelevante para la extrema derecha, que quedó muy lejos de sus previsiones. Tampoco puede decirse que estos resultados hayan cogido por sorpresa a nadie, pues todos los sondeos apuntaban en esa dirección. Lo que sí sorprende es la reacción de algunas de las candidaturas perdedoras, como Por Andalucía, cuya líder, Inmaculada Nieto, fue incapaz de hacer autocrítica de una coalición que, como apunté en mayo, nació con un motor ardiendo.

La debacle de la izquierda ha sido total. En el caso de Por Andalucía, pasar de 17 a cinco escaños, perdiendo doce por el camino, es para hacérselo mirar. Aunque fuera una nueva marca, lo cierto es que el peso específico de la coalición es idéntico, Podemos e Izquierda Unida (IU), y por ello la comparación aplica. A pesar de que su campaña electoral ha ido de menos a más, ha quedado muy lejos de siquiera un resultado consolador.

Tiene algo de razón Nieto al apuntar el modo en que los sondeos han pasado de utilizarse para pulsar la tendencia de voto a, en cambio, tratar de teledirigirlo. Durante su comparecencia de valoración de los resultados, Nieto indicó cómo las encuestas han asentado en el electorado el pesimismo, la sensación de que no había nada que hacer contra el rodillo de Juan Manuel Moreno. Efectivamente, está parcialmente acertada la candidata de Por Andalucía, pero es que cuando absolutamente todos los sondeos, incluso los manejados internamente por los partidos de izquierda, eran tan aplastantes, que había poco margen para el optimismo.

En esta misma línea, ha sido particularmente desacertado culpar a Adelante Andalucía del pésimo resultado de Por Andalucía. "La fuerza política que no se sumó (a la confluencia) ahora podrá ver el destrozo electoral, y por tanto social, que provoca la desunión", ha afirmado Nieto. ¿De veras es honesto plantear esa posibilidad cuando la propia Nieto intentó vetar al partido liderado por Teresa Rodríguez de su participación en debates electorales? Parece poco prudente, por no decir cínico, hablar ahora de alianza con quien te genera un rechazo tan visceral.

¿No sería más correcto pensar que, pese a haber formado una coalición, el electorado no ha terminado de ver la unión de las seis formaciones que la conforman? Los seis partidos bajo el paraguas de Por Andalucía se durmieron en su proceso de coalición pues, pese a haber tenido tiempo más que suficiente para ponerse de acuerdo, se inscribieron fuera de plazo. Podemos y Alianza Verde se quedaron fuera, por lo que todos sus candidatos y candidatas tuvieron que concurrir como independientes, culpándose unos a otros del fiasco. Tras el 19 de junio, aun han de pasar una prueba de fuego de unión y concordia, pues a la escasa financiación que les proporciona estos malos resultados se suma el hecho de que ni Podemos ni Alianza Verde pueden acceder a ella.

En lo que a Adelante Andalucía se refiere, no puede decirse que la autocrítica haya estado muy presente tampoco. Sin embargo, partir de cero, con una formación nueva y sin apoyos externos de partidos matrices en Madrid, contar con presencia en San Telmo deja con buen sabor de boca. Asimismo, ver cómo Olona y sus secuaces, a los que quien más combatió en campaña fue Rodríguez, se quedan fuera del Gobierno, supone una satisfacción añadida.

Se avecina una legislatura de rodillo del PP pero, al menos, sin la ponzoña de Vox. Cuatro años durante los cuales se van a medir estas dos formaciones de izquierda, viendo cuál de las dos crece y se consolida o, por el contrario, se diluye en la oposición culpando después a los sondeos o la desunión. Motivos para hacer oposición, desde luego, no les van a faltar, con un Moreno crecido que, incluso internamente, ha desplazado a Isabel Díaz Ayuso. A diferencia de la madrileña, él no ha tenido que ponerse la careta de Vox para ganar unas elecciones y ni siquiera depende de los ultra, como sí hace Ayuso. Moreno es el líder de moda en el PP y el mejor aval del modelo que Feijóo quiere para el partido, muy alejado de los desmanes de Ayuso.