Posos de anarquía

Banderas en el armario

Hubo un tiempo en el que sí lució la bandera arcoíris en el Ayuntamiento de Madrid. - Jesúis Hellín /Europa Press

Ayer el PP volvió a mostrar su verdadera cara en lo que a igualdad se refiere. Durante la presentación del Orgullo de Madrid (MADO), la presidenta de la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Trans, Bisexuales, Intersexuales (FELGTB), Uge Sangil, reprochó al alcalde José Luis Martínez Almeida que se niegue a colgar la bandera del arcoíris en la fachada del Ayuntamiento y los representantes del PP abandonaron el acto indignados. Con paso firme y un desaire sobreactuado que rozaba el ridículo, el concejal presidente de los distritos de Centro y Salamanca, José Fernández, afirmó "la bandera se lleva dentro, no hay que llevarla fuera".

Que Fernández mostrara cuán fina puede llegar a tener la piel la derecha e, incapaz de rebatir el reproche de Sangil al afirmar que "el señor alcalde no representa a toda la ciudadanía", saliera por pies junto a la responsable del área delegada de Turismo del Ayuntamiento de Madrid, Almudena Maíllo, es lo de menos. De hecho, es una práctica habitual en el PP, esto es, huir cuál emérito cuando no hay argumentos ni explicación posible. Lo que en realidad resulta de una hipocresía supina es que hablara de llevar las banderas dentro.

Fernández hacía referencia únicamente a la bandera arcoíris, porque la española nos la meten hasta en la sopa a base de pedazos de tela, pulseras, insignias, viseras y toda suerte de material publicitario con el que los fabricantes chinos se han hecho de oro. De hecho, lo primero que encuentra uno en el perfil de twitter de Fernández es una bandera de España, quizás porque su interior es tan chico o alberga tantas otras cosas que ya no le cabía dentro.

En el PP quieren meter de nuevo la bandera arcoíris en el armario, a pesar de que es más necesario que nunca mostrarla dado que desde el último Orgullo los delitos de odio se han disparado un 40%. Mientras, en la Plaza de Colón luce una bandera nacional de 294 metros cuadrados y 35 kilos de peso o en la pasada Navidad el Consistorio madrileño desplegó enormes banderas de España luminosas por la ciudad. El alcalde afirmó entonces que "la bandera no excluye a nadie", algo que no debe de pensar de la bandera arcoíris, que escuece en las filas populares, por no hablar de sus aliados de la extrema-derecha.

La derecha se apropia e impone la bandera nacional y es incapaz de asumir otras que, en realidad, simbolizan causas objetivamente más honestas y necesarias que la mera pertenencia casual a un pedazo de tierra. Asumida la importancia que es innegable que en el PP otorgan a los símbolos, sólo hay una explicación posible al rechazo que sienten los de Génova a la bandera arcoíris: que no la comparten, que no la asumen como propia. No se percatan de que de nada sirve expresar la pertenencia a un país si, en realidad, dentro de ese país no existe una unión en la igualdad. Y no la existe, como ayer se encargó de demostrar Fernández sobreactuando en defensa de su regidor.

Si no fuera porque el MADO genera para Madrid más millones de euros que cualquier visita del Papa, no les quepa duda de que complacerían a Vox, condenándolo al ostracismo de la Casa de Campo. Sin embargo, de ahí a colgar la bandera arcoíris en la fachada del Ayuntamiento hay un trecho. Si de símbolos hablamos, si nos referimos a esa enseña nacional que tanto adoran, ésta debería expresar mucho más que la pertenencia a este pedazo de tierra que habitamos, debería encarnar ciertos valores, como la igualdad, algo que cuando gobierna la derecha retrocede a pasos agigantados sin prácticamente superar los márgenes del papel de la Constitución, tan defendida como vilipendiada por los conservadores.