Posos de anarquía

Confundir diplomacia con conjura

Albares durante una sesión del Congreso. - Fernando Alvarado / EFE

José Manuel Albares no pasará a la historia, ni mucho menos, como uno de los mejores titulares de Exteriores, más bien todo lo contrario. Este sentir, por lo que se escucha en los mentideros de su gremio, no sólo es generalizado entre la opinión pública, sino también en el mismo cuerpo diplomático, en el que profesionales con bastantes más años de experiencia que él asisten pesarosos a la constatación de sus peores temores. Le petit Napoleon, como al parecer es conocido en ciertos círculos diplomáticos, ha vuelto a hacer de las suyas a cuenta de la oficina técnica de cooperación en Panamá.

Tal y como apunta el compañero Antonio Salvador en El Independiente, el ministerio que lidera Albares ha movido los hilos para eludir una resolución del Consejo de Transparencia y Buen Gobierno (CTBG) que le instaba a entregar una copia de la auditoría financiera a la oficina técnica de cooperación en Panamá. ¿Por qué era necesario conocer esta auditoría? Sencillo -y lamentable-: porque el contable, que lleva en busca y captura desde hace dos años y medio, llegó a desfalcar más de cinco millones de dólares durante cerca de 13 años, falsificando para ello la firma del coordinador general de la cooperación española en Panamá. Dicho de otro modo, el dinero de la AECID (Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo), al bolsillo de un particular.

El colega Salvador solicitó una copia del informe de auditoría a través del Portal de Transparencia, algo a lo que se negó Exteriores al considerar que excedía el derecho de acceso a la información. Sin embargo, hete aquí que el propio CTBG está en contra de esta negativa que, por otro lado, ni siquiera fue debidamente argumentada. Supuestamente, el derecho a la información está siendo vulnerado y es ahora la Justicia quien tiene que determinar si Exteriores está o no cubriendo de opacidad un escándalo.

Obsesionado por el control, seguramente Albares no quiere otro borrón durante su paso al frente del Palacio de Santa Cruz. Su irrelevancia durante la salida de España de Afganistán o su pésima gestión diplomática con el Magreb, con una docilidad fuera de lo común con Marruecos que ha llevado a deteriorar las relaciones con la estratégica Argelia y vulnerar el derecho internacional con el Sáhara Occidental, ya son máculas imborrables en su historial.

No se comprende la negativa a arrojar luz sobre el desfalco de Panamá. En lugar de hacer gala -algo de lo que es muy amigo- del control, corre un tupido velo que lo único que hace es despertar más dudas. Ocultar información jamás es buena señal y confundir la diplomacia y la discreción con la conjura, un error. Eso es algo que parece no terminar de entender Albares, cuya valoración pública según el último barómetro del CIS apenas alcanza el 4. Suspende.

Si la consulta se realizara entre el cuerpo diplomático es posible la calificación se desplomara aún más. Los movimientos de fichas que ha realizado desde que está en el cargo, como poco, son cuestionables, sugiriendo que gusta de una guardia pretoriana joven y obediente que no cuestione sus decisiones. En su poco más de un año al frente de la cartera de Exteriores, ya ha metido mano prácticamente en la mitad de las embajadas españolas y, aunque es verdad que apenas un 30% de la Carrera Diplomática la ejercen mujeres, éstas no ocupan puesto en ningún país del G7.

Precisamente al otro lado del charco, donde se ha producido el desfalco sobre el que Albares no parece querer rendir cuentas, se produjo uno de los primeros cambios. A los pocos días de llegar a Santa Cruz, Albares puso al frente de la Dirección General para Iberoamérica y el Caribe a Xavier Martí que durante sus 15 años de Carrera Diplomática había ocupado cargos menores. Aquello no cayó bien en el gremio, más aun considerando la importancia del puesto. Un año después, ha sido reemplazado por Enrique Yturriaga.

Nunca antes en un primer año un ministro de Exteriores había realizado tamaño embabombo, como se conoce a la adjudicación de puestos. El hombre de confianza de Pedro Sánchez, que ejerciera de su sherpa en el pasado, despierta mucho recelo -y me quedo corto- entre los diplomáticos más veteranos que, a fin de cuentas, son uno de los activos más valiosos con que cuenta Exteriores. En su primer año al frente de esta cartera, lo cierto es que el proceder de Albares pone en duda si le beneficia más a él o a los intereses de España. Por ahora, España pierde.