Opinion · Punto de Fisión

Don Mariano y su circunstancia

Decía don Antonio Machado que cuando dos gitanos hablan, es la mentira inocente: se mienten mas no se engañan. Machado conocía el espíritu español a fondo a pesar de no asistir a ninguna campaña política. Es decir, que cuando Rajoy prometió hace sólo ocho meses que nunca subiría los impuestos, por su boca de ventrílocuo (o quizá de muñeco) hablaba el alma irreductible de ese gitano hispánico que siempre nos está vendiendo una moto. Señores, seamos serios: había que ser muy necio o muy inocente para tragarse sin pestañear el programa político del PP (que, más que un programa, parecía la parrilla completa de Telecinco). Sin embargo, ayer el presidente demostró una vez más que es un alma bendita, que merece el nombre que lleva, Mariano, el mismo con el que Forges bautizó a su monigote, ese panoli inmortal zarandeado por las circunstancias.

Ayer don Mariano dijo que él no había modificado su programa político ni un ápice, que eran las circunstancias las que se habían modificado mientras don Mariano seguía siendo don Mariano a pie firme. Es la misma respuesta filosófica que soltó Charlton Heston en su vejez, cuando se pirraba por las escopetas de feria. Un día le preguntaron dónde estaba aquel hombre comprometido que defendía los derechos civiles y apoyaba al partido demócrata y Heston respondió que él seguía siendo el mismo de siempre, que el que había cambiado era el partido demócrata.

En efecto, don Mariano ha tenido que subir los impuestos, reconvertir los colegios en guarderías y los hospitales en puestos de la Cruz Roja, porque hace ocho meses se pensaba que vivíamos en el País de Jauja y se encontró de golpe con el topetazo de la triste realidad, la dura hostia consagrada de las circunstancias. Eso a pesar de que las huestes del PP mandaban ya prácticamente en todas las Autonomías, y en algunas, como Madrid, desde que se extinguió el homo sapiens. Hay quien puede pensar que, en una competición de embusteros, Rajoy quedaría descalificado por embustero. Porque Zapatero mentía hasta con las cejas, cierto, pero don Mariano no; como su nombre y sus viajes compostelanos indican, es muy buen cristiano: sólo miente de palabra, obra, pensamiento y omisión.

Dijo don José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia”, una pirueta lingüística genial que bien puede utilizarse para justificar cualquier vileza. Pocas veces se habrá aplicado este axioma metafísico con tanta contundencia y tanta flexibilidad como don Mariano, quien ha logrado tirar por tierra el sistema heliocéntrico al demostrar que Copérnico y Galileo estaban equivocados, que el centro del universo es don Mariano y que son las circunstancias las que giran a su alrededor. En cierto modo no le falta razón, teniendo en cuenta que las circunstancias somos nosotros y que entre nuestras circunstancias también está don Mariano, por desgracia.