Opinión · Punto de Fisión

Dinero negro

Voy a aventurar una hipótesis: la novela negra tiene tanto éxito porque es la única narración que puede explicar lo que sucede en el mundo. O mejor dicho: de todas las formas de no explicar lo que sucede ahí fuera, la novela negra es la que más se parece a la verdad. Hablan de crisis financiera, de rescate bancario, de prima de riesgo y de otros galimatías inextricables, pero sabemos de sobra que detrás de todo esto no hay gato encerrado sino suelto; sabemos de sobra que alguien se lo ha llevado crudo y que todos, excepto los culpables, estamos pagando el pato. Casi nadie se detiene en las hojas color salmón de los suplementos económicos porque se parecen demasiado a las Páginas Amarillas: muchos números, muchos datos, muchos nombres propios e impropios. La novela negra de la crisis se escribe en un solo párrafo.

Más o menos éste: de tanto ver películas, de tanto desvalijar bancos de mentira y reventar cajas fuertes ficticias, un grupo de cuatreros de a mil dólares el traje planeó y llevó a cabo el atraco perfecto. Un día reventaron la banca desde Wall Street, en un birlibirloque de cifras robaron a todo el mundo todo el dinero del mundo. Los muy cabrones contaban, además, con la coartada clásica con que culminan las grandes intrigas de Hammett y de Chandler. Tenían al culpable idóneo, al chivo expiatorio de cualquier tocomocho, al tonto del culo que estaba en el peor sitio en el peor momento. La sociedad. Nosotros mismos.

Lo de Bankia, en cambio, ha sido un golpe de aficionados, un butrón a la española, mitad bufonada, mitad picaresca. Más que a un plan diabólicamente preparado y ejecutado, lo de Bankia responde más bien al espíritu nacional, el de la chapuza: un Atraco a las tres donde la plana mayor de accionistas se presenta en mitad de las pesquisas policiales pistolas en mano y las caras repletas de medias. Si se pudiera contar lo de Bankia en clave de novela negra, tendríamos que recurrir a Jim Thompson, aquel magnífico gamberro inventor de un sheriff paleto que, uno a uno, se iba cargando a todo el pueblo.

Pero podemos estar tranquilos respecto a Rato. Creer que Rato pudo ser el cerebro del plan es bastante ingenuo por varias razones, principalmente porque Rato mal puede ser el cerebro de nada, si hasta lo echaron del FMI por inútil. No, en lo de Bankia no hubo ningún cerebro: fue más bien cosa del bajo vientre.

Jim Thompson dijo que había cincuenta y pico formas de contar una historia y que él las había probado todas, pero que sólo había una historia: las cosas no son lo que parecen. Al final ni la sospecha invertebrada de la novela negra va a servir para explicarnos el marrón inmenso en que andamos metidos, porque lo de Bankia, igual que lo de Wall Street, es exactamente lo que parece.