Opinion · Punto de Fisión

Cascos abre la boca

 Juan Benet votó sí a la OTAN porque Antonio Gala decía que había que votar no. Y añadió: «Basta que ese señor diga una cosa para que yo haga exactamente la contraria». Yo mismo me he guiado muchas veces por este sano principio, el del gurú invertido, método eficaz gracias al cual, por ejemplo, he esquivado la lectura de varios ladrillos en letra impresa alabados no por Antonio Gala sino por infalibles críticos literarios. Infalibles en el sentido que explicaba Fernando Savater, que alguien con buen gusto puede tropezar un día u otro pero que el mal gusto, amigo, nunca falla.

En este país mucha gente que tenía como brújula desnortada a Álvarez-Cascos ha sufrido un cortocircuito mental cuando le han oído decir que hay que convocar elecciones de inmediato ante la incompetencia manifiesta del gobierno. Ha sido una experiencia extraña, casi paranormal, como si hubiésemos oído a Zapatero con la voz de Solbes decir que sí, que había crisis, o a Aznar con la voz de Ana Belén admitiendo que no, que no había armas de destrucción masiva. Iker Jiménez ya le ha solicitado una entrevista a Cascos para inquirir si se ha excedido con la medicación o si está poseído y necesita un exorcista.

La cosa, sospecho, es más sencilla. Muchos pensaban que a la derecha del PP sólo estaba la pared, pero entonces llegó Cascos y derribó la pared a cabezazos, demostrando que siempre surge un más allá donde menos te lo esperas. Entonces el hombre, echando mano de la sidra y del ectoplasma de don Pelayo, levantó unas siglas y un espacio político donde otros sólo hubieran levantado un chalet de dos plantas. Cascos ha llevado al límite el estilo municipal de Jesús Gil, que amasó un patrimonio a base de cascotes y una ideología a base de tal y tal. Durante una temporada, irritado con sus antiguos correligionarios, Cascos abría la boca y hacía que Mussolini pareciera el asesor de imagen del Che Guevara. Era así de exagerado, tanto que por aquel entonces nos enteramos que habían encargado un retrato suyo por ciento noventa mil euros, una cantidad excesiva para alguien a quien le podía sacar el parecido un enfermo de Parkinson pintando con brocha gorda y guantes de boxeo.

Rubalcaba abre la boca y sube el pan. Guindos abre la boca y sube la prima de riesgo. Rajoy abre la boca y sube el IVA. Cayo Lara abre la boca y sube el ascensor. Las declaraciones de Cascos han hecho que algunos se replanteen sus opciones políticas mientras que los demás dudamos entre echarnos al monte o esperar a que el monte se queme del todo.