Opinión · Punto de Fisión

La paja en el ojo ajeno

 

La democracia española consiste en la alternancia en la poltrona de dos manadas más o menos alfabetizadas de ladrones que se reparten la pasta siguiendo el viejo truco del poli bueno y el poli malo, aunque últimamente consiste más bien en un poli malo y otro peor. El sistema se sostiene según la creencia del mal menor, es decir, que si cualquiera de las otras manadas de cuatreros alcanzara el poder el desastre sería inimaginable o casi, aunque viendo las ansias y el hambre atrasada que gastan algunos, podría ser.

Bukowski dijo hace ya muchos años que la diferencia entre votar a los republicanos y votar a los demócratas es la misma que hay entre elegir mierda caliente o mierda fría. Aquí podríamos decir lo mismo del PSOE y del PP, pero no estamos muy seguros de parte de quién andaría la temperatura. Después del fin de las ideologías, de las grandes esperanzas y de las conquistas sociales, la ciudadanía se conforma con un poco de calorcillo donde buscar refugio. La cosa empieza a estar tan desesperada que se parece a aquel chiste del optimista y el pesimista, en que el optimista decía: “Esto es una mierda, nos vamos todos a la mierda, vamos a comer mierda por un tubo”. Y el pesimista replicaba: “No va a haber para todos”.

Disculpen las referencias escatológicas pero es que tenía que hablar de Aznar. La semana pasada nuestro ilustre ex líder señaló que se había acabado la sociedad del bienestar, pero no lo decía exactamente con tristeza sino con suficiencia, como avisando que ya nos lo había advertido. Fue poco antes o poco después de enterarse de que su patrón va a subirle el sueldo una barbaridad, será que la sociedad del malestar no va con él.

En medio del naufragio cuesta cada vez más distinguir a los dos partidos, uno que se llama conservador (aunque lo está dejando todo hecho trizas) y otro que se apellida obrero (me descojono vivo). De hecho yo pensaba que se habían fundido el uno dentro del otro, como Mariano, que cada día tiene más gestos de Rubalcaba, y como Rubalcaba, que desde que Mariano está en el poder ha decidido eclipsarse para despejar la ecuación y porque como presidente no podía ofrecer más mejoras que una calva.

La única oposición seria que se ha hecho en varios meses en este país ha sido el pajote que se ha cascado una concejala por el móvil, supremo acto de libertad que no ha sido muy bien recibido ni por el gobierno ni por la oposición ni por la concejala ni por la familia de la concejala ni por los mojigatos que casi la apedrean, pero que al menos ha reanimado el desacreditado arte del periodismo con un chisme de portera. Con su sacrificio genital Olvido Hormigos ha mostrado la paja en el ojo ajeno exponiendo la típica hipocresía española en la picota. Masturbarse todavía es gratis pero a la película le van a meter el IVA.