Opinion · Punto de Fisión

Goyescas

El Goya a la mejor película se lo ha llevado una cinta en blanco y negro, muda pero en catalán, con banda sonora, con enanos y con toros. Una pintura negra. Goyesca. Miré el calendario para ver si estábamos en 1936 pero no. El director, Pablo Berger, explicó que había tardado ocho años en retroceder siete décadas. No estaba nada mal, aunque a Mariano le había costado sólo uno y encima se ha llevado el país entero bajo el brazo.

Me parece que fue el año pasado cuando ganó el Oscar una película muda, en blanco y negro, sin enanos ni toros pero con un perrito bien simpático. The Artist, creo que se llamaba; no fui a verla porque me pilló con un siglo de retraso. Pensé que, para que semejante ejercicio de flashback fuese consecuente, la entrada debería costar tres reales y habría que ir al cine en calesa.

Está muy bien eso de desdeñar el cine americano por su béisbol y sus rambos, pero luego, a la primera de cambio, les copiamos las películas, las manos estampadas en cemento, el cine silente, los muertos que no saben que están muertos. Por copiar, les hemos fotocopiado las fórmulas de protocolo, la alfombra roja y hasta la estructura vocálica de la estatuilla: Goya por Oscar. “Pongamos que los llamamos premios Goya”. “¿No suena mucho a Oscar?” “Qué va. Además Goya era un pintor muy cinematográfico”. “Pero si se murió más de medio siglo antes del invento de los hermanos Lumiére”. “Tú calla, que ya hará Garci una película y verás cómo los cuadros de Goya se mueven más”.

No sé si fue cosa del año 2013 pero la ceremonia estuvo a la altura del apocalipsis maya. Para empezar, la presentadora era Eva Hache, una mujer que se ríe de sus propios chistes, quizá porque alguien tiene que hacerlo. El gran número cómico de la noche fue involuntario, un guiño a Bárcenas, un embrollo con sobres digno de los hermanos Marx en que alguien le dio el premio a uno que no era. Fue el premio más breve de la cinematografía mundial, apenas cuatro segundos, ni tiempo de subir al estrado tuvo el pobre. Luego el despropósito tocó techo al darle el premio a la mejor banda sonora a una película supuestamente muda y, de paso, también el de mejor guión original a una adaptación de Blancanieves. Ni siquiera Joaquín Reyes y sus muchachos podían superar eso y tampoco lo intentaron. Nominadas a la mejor película española había una rodada en inglés, otra en francés, otra en andaluz cerrado y otra muda. Que un thriller tan espléndido como Grupo 7 apenas tocara pelo, sólo puede explicarlo el hecho de que, en efecto, Goya era sordo. Al final la Blancanieves mudita abrió la puerta grande con diez orejas. Durante el rodaje masacraron unos cuantos toros pero no hicieron daño a un solo enano, que se sepa. Sentado en un sillón, tirando de los hilos, estaba Wert, que se presentó vestido de ministro aunque daba más juego de bombero-torero.