Punto de Fisión

Justicia mediterránea

Berlusconi ha tenido la increíble mala parta de que lo juzgaran en su país. Si lo llegan a juzgar en España, en vez de condenarlo seguro que lo sacan a hombros y lo invitan luego a un puticlub. No es que Italia sea un dechado de virtudes cívicas, ni siquiera un país serio, pero allí, que yo sepa, la fiscalía no le quita el trabajo al abogado defensor. En Italia para acabar con un juez (como ocurrió, por ejemplo, con Falcone) la mafia casi tuvo que recurrir a la bomba atómica. Aquí somos más educados y basta con que Federico le dedique unos gramos de saliva.

Ya lo habían condenado a cuatro años de prisión y ahora a siete, pero la probabilidad de que Berlusconi pise la cárcel aunque sea dos minutos es computable en cero. Aproximadamente la misma de que Ana Mato dimita. No obstante, la condena también lleva explícita la inhabilitación perpetua, con lo que los italianos se han librado de que vuelvan a elegirlo presidente por enésima vez. Al ritmo que llevan los cirujanos con la mojama de Il Cavaliere no sería raro que Cicciolina se presentara también por enésima vez a las elecciones apoyada por Telecinque, las ganara y luego resultase ser Berlusconi. Con tal de estar cerca de una tía buena, Berlusconi es capaz de cualquier cosa. Es una suerte que no vaya a pisar a la cárcel porque la mafia calabresa tendría que pedir dispensadores de jabón líquido en las duchas para librarse de su exceso de testosterona.

La testosterona ha sido, precisamente, la perdición de Berlusconi. Su obcecación con el sexto mandamiento ha echado por tierra su flamante carrera política. Si se hubiera dedicado a incumplir los otros nueve, como suelen hacer los corruptos españoles, Berlusconi todavía estaría riéndose de las juezas y midiéndole el culo a Merkel. En España, según sea el imputado, no sólo puedes saltarte las Tablas de la Ley, la Hacienda Pública, el Código Penal y el Civil sino también el de circulación y el de Hammurabi. Carromero conducía sin carné, se pasó de frenada, liquidó a dos disidentes y ya está en la calle. Y menos mal que lo hizo en Cuba, que lo llega a hacer en España y, junto con el indulto, le dan una botella de champán para que bañe a los fans desde el podio.

Aparte del juicio en Italia, Berlusconi ha sufrido la ignominia de que lo juzgaran tres tías feas, según él. Llegan a parecerle guapas y las recluta para un ballet. Llegan a ser hombres y los invita a una orgía. Su abogado debía andar todavía en un bunga bunga porque no pidió el cambio de juez en el tiempo reglamentario, como Blesa, que por pedir hasta le han pedido perdón y todo. Miguel Blesa acaba de salir de la cárcel como el que termina las vacaciones y lo primero que ha dicho es que le cambien el juez, que el Eldipio le cae gordo y viceversa.