Punto de Fisión

Entre Gila y Corleone

La CIA, el FBI y la portera de la Casa Blanca están muy molestos porque Snowden ha revelado que en Europa nos tenían pinchado hasta el bidé. Es algo normal que los países amigos se espíen entre ellos, dice John Kerry, igual que los matrimonios de toda la vida. No vas a espiar al enemigo porque, al fin y al cabo, ya sabes lo que piensa el enemigo. En esto la CIA, el FBI y la portera de la Casa Blanca siguen los sabios consejos de Vito Corleone: ten cerca a tus amigos, pero más a tus enemigos. Con el enemigo se habla como hacía Gila, de frente y por teléfono. Se le pregunta por el espía vestido de lagarterana, sí, hombre, ese bajito, que por favor nos devuelva los planos, que no tenemos otros.

Entre Gila y Vito Corleone se mueve el contraespionaje americano y así les va. Un día les tiran abajo las Torres Gemelas, otro día un soldadito se lleva los archivos secretos del ejército, al siguiente les desmonta la red de información un becario con gafas. Lo del ataque al World Trade Center tuvo mucho mérito, porque mira que en la CIA tenían toneladas de material grabado entre yihadistas, pero como muchos usaban el pastún, un dialecto de pastores afganos, los expertos se creían que estaban hablando de follarse cabras. Aquello les sirvió de escarmiento y desde entonces no decidieron espiar más que en idiomas inteligibles: inglés, alemán, francés, español y portugués. Un poco de japonés, un poco de chino, otro poco de ruso y para de contar. Pero los afganos y los iraníes, que se jodan, que para eso son enemigos. Que hubieran estudiado idiomas y no se verían así, sin un micrófono que llevarse a la boca.

Los alemanes dicen que esto les recuerda la guerra fría, pero se les olvida que a la guerra fría se le pasó el arroz y que lo de ahora es una paz caliente. Total, como dice Kerry, los amigos, cuanto más se quieren, más se espían. Cuanto más amigos, más desconfían unos de otros. Eso es lo que hace de la política internacional algo tan divertido, no muy distinto a esas escaleras comunales donde la portera cotillea por la mirilla y se sabe la vida de cada vecino y de cada hijo de vecino. En política nacional ocurre tres cuartos de lo mismo. Una vez un senador me dijo que de quién había que preocuparse es de los compañeros de partido: "Esos son los que te dan las puñaladas por la espalda, los amigos, porque a un enemigo no vas a ser tan tonto de darle la espalda". Eso explica, por ejemplo, que en el PSOE estén tan ocupados matándose entre ellos mientras en el PP hacen lo propio. La política es como un partido de fútbol pero metiendo los goles en propia puerta.