Punto de Fisión

Marilyn Bárcenas

Hablar de Bárcenas es una de las ocupaciones esenciales de este julio tórrido. "Qué Bárcenas hace" dice la gente en la playa. Los tertulianos de carril que defendían la inocencia del tesorero hasta ayer mismo han aprovechado para cambiarse de camiseta, que ya olía, y proclamar a voces su villanía y su maldad. Pero ¿el Bárcenas nace o se hace? Es la pregunta de moda, la cuestión acuciante, el frisbee mental del verano. ¿Bárcenas nació siendo Bárcenas o se hizo un Bárcenas a base de frecuentar malas compañías? Misterios gavioteros. ¿Bárcenas ya era un delincuente antes de entrar en el PP o allí sacó el doctorado cum laude?

Ahora el PP, que es un partido monotemático, monoaural y monosabio, clama al unísono "delincuente". Bueno, al unísono no, porque hay ciertos sectores que aún sueñan con desbancar a Mariano echando mano de cualquier Bárcenas, y también porque en la propia web del PP sigue vigente la nota de apoyo a Bárcenas que publicaron hace ya cuatro años. Han tardado tanto en caerse del guindo que algunos todavía siguen subidos a la rama. Ha sido una caída a cámara lenta, como la estrategia de Mariano, que se entretuvo ocho años en tomar la Moncloa y va a entretenerse otros ocho por lo menos en salir. Por otra parte, estos desfases informáticos son lógicos en una organización política que cuenta con líderes de opinión como Sigfrid Soria, el Atila de las redes sociales. El pen drive de Bárcenas y el twitter de Sigfrid Soria conviven en el mismo plano como la brutal yuxtaposición del fémur arrojado al cielo y la nave espacial girando en el 2001 de Kubrick. Bárcenas pasó de llevar la contabilidad del partido al estilo de la cuenta la vieja (en unas libretas de ultramarinos y con un lápiz en la oreja) al pen drive y las tablillas excel sin pasos intermedios, demostrando así que, como sostuvo Darwin, la evolución se produce a saltos. De canguro o de rana, pero saltos.

En el tablero de la política patria el PP, cuando no se mueve como una procesionaria del pino, se mueve como una rana o un caballo de ajedrez: nunca sabes dónde caerá después del siguiente brinco pero seguro que suelta una coz. El penúltimo salto de batracio ha sido recurrir a Felipe González para ilustrar la negativa de Mariano a salir del lodazal. En efecto, Felipe tampoco dio ninguna explicación durante la moción de censura de Hernández Mancha y tampoco se le pasó por la cabeza en ningún momento dimitir durante el escándalo mayúsculo de los GAL. Felipe como referente ético y faro de conducta del PP, quién iba a decirlo. Chúpate ésa, Darwin.

La ingenuidad, cuando no la estupidez supina, es la última línea de defensa del clan pepperoni. Cuando en una tertulia, hace ya varios años, le pregunté a Pujalte cómo era posible que el PP valenciano estuviera en manos de tipos como Correa y sus secuaces, Pujalte respondió: "Es que les engañaron. Fueron unos ingenuos". Yo creo que más bien los ingenuos somos nosotros. Cuando Bárcenas entró por primera vez en la leonera de Génova fue lo mismo que cuando Marilyn Monroe entró en el despacho de Groucho Marx. Ondulando su plateada melena, Marilyn Bárcenas pregunta: "¿Qué puedo hacer por usted?". Y Groucho dice: "Como si no lo supiera".