Punto de Fisión

Mariano se mide el PIB

Mariano es un señor que vendió en su programa electoral que, apenas ganara las elecciones, la economía se saldría de madre, el paro se evaporaría como la humedad y además lloverían longanizas los días impares. Había que ser muy ingenuo para comprar esa moto pero, después de siete años de Zapatero, la gente estaba dispuesta a tragarse biblias de canto. Y se las tragaron, en efecto. Parafraseando a Chesterton, lo malo de quienes dejan de creer en el socialismo no es que no crean en nada: es que pueden creer en cualquier cosa. Incluso en el PP, que es una moto para la fe de Steve McQueen.

Dos años marianos después, la economía no es que haya repuntado mucho, hay casi dos millones de parados más aunque, eso sí, también treinta y un puestos de trabajo recién hechos, y las longanizas llueven únicamente en los comedores sociales, única secta religiosa que sigue aumentando en estos tiempos de crisis. El programa electoral de Mariano hoy sirve para decorar las mesillas de noche de los moteles más piadosos de los Estados Unidos. Cuando se les agotan los folletos sobre la Teoría del Diseño Inteligente, ponen en el cajón un programa electoral de Mariano traducido por Sarah Palin.

Con todo, como ocurre con los sucesivos inquilinos de La Moncloa, José Luis y Mariano empiezan a parecer gemelos univitelinos, no sólo en el desastre de la gestión económica, sino en el optimismo vital y en el fervor profético. José Luis anunció que habíamos salido de la crisis prácticamente antes de entrar en ella, y Mariano acaba de avisar que la recesión casi ni nos ha rozado y que ya pasa de largo, como si la recesión fuese uno de esos huracanes caribeños en lugar del anticiclón de los Azores.

Aquí en España el presidente, más que de presidente, ejerce de hombre del tiempo. Escudriña las nubes, avizora el sol y pide paciencia. José Luis aprendió meteorología en dos tardes y Mariano ni siquiera sabe aún señalar el mapa con el puntero. Pero se ha medido el PIB, que es algo así como el miembro viril del país, y se ha puesto muy contento al descubrir que le ha crecido dos décimas más de lo previsto. No es lo suficiente como para quedar a cenar con Merkel, pero de momento ya ha encargado el champán, que el cava le puede salir caro.

Con todo, al presidente el optimismo no le acaba de sentar bien, tal vez porque llevaba dos legislaturas desempeñando el papel de cenizo oficial y hay que reconocer que ahí lo bordaba. Haga lo que haga, Mariano siempre será recordado por la gestión del desastre del Prestige, que es el modelo que guía sus pasos, sobre todo ahora que España suelta hilillos de sangre de proa a popa cual petrolero embarrancado. Primero, negar la realidad, luego, quitarle importancia, y después, darle la espalda a todo remo. Capitán, capitán, que hay mujeres y niños a bordo. Sí, hombre, para follar estoy yo ahora.