Punto de Fisión

El día de las alabanzas

No hay como morirse para que hablen bien de uno. En España esta sencilla observación fúnebre adquiere el rango de ley: la de la gravedad, para ser exactos. Es este un país grave, católico y solemne, construido a base de lápidas donde el nacimiento de Cristo sólo se celebra para poder echar luego el resto con la crucifixión. Como dijo aquel gitano con lágrimas en los ojos al paso de los nazarenos: "Por culpa del hijoputa de Pilatos, un poco más y nos quedamos sin Semana Santa".

Con la desaparición de Suárez todos los que lo ningunearon, traicionaron y arrinconaron durante décadas han aprovechado para rendirle honores y declararse suarófilos de la noche a la mañana. No en vano, es lo mismo que hicieron cuando se estrenó la democracia: de un día para otro aprendieron a bajar el brazo para cambiar el saludo falangista por el muy buenos días tenga usted. De toda la vida, oiga.

Como siempre que fallece un gran personaje, el ciclo vital de la hipocresía se ha ido cumpliendo con precisión forense: desde los pequeños insectos de la prensa hasta los grandes carroñeros de la política todos marcharon llevando en sus fauces grandes pedazos del muerto, elogios que se callaron en vida, recuerdos inolvidables que guardaban en el último cajón del sótano y gruesas lágrimas de cocodrilo. Daba la impresión de que, desde el rey Juan Carlos hasta los penúltimos restos del CDS, eran ellos quienes se habían curado de repente del alzheimer.

Para envidar a la grande y que la gente se entere de quién manda, Mariano ha tenido la idea de rebautizar el aeropuerto de Barajas con el nombre del ex presidente, una propuesta que llega un poco tarde, pero ya decimos que en España, a menos que alguien se dedique al fútbol, a lo más que puede llegar es a morirse. A Ana Botella le ha encantado la iniciativa porque veía que cualquier calle de Madrid se le quedaba corta a Adolfo Suárez y no era cosa de prolongar la Castellana hasta Valladolid.

Ya lo dice el refrán: líbreme Dios del día de las alabanzas. De Landelino Lavilla (maestro de la puñalada por la espalda) a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (otro que tal baila), muchos de los antiguos barones de la UCD que le hicieron la vida imposible se han unido bajo ese hispánico lema de reconciliación: "Aquí paz y después gloria". Una vez muerto, Suárez ha conseguido incluso el milagro de apelotonar a los tres ex presidentes de la democracia en una foto de familia, algo que en la política española es como el equivalente cósmico de ver pasar juntos por el mismo telescopio a la estrella de Belén, al Sputnik y al cometa Halley. Quienes apodaron la anterior aparición estelar de Jose Mari flanqueado por Bush y Blair como el Trío de las Azores, dudan si llamar a este nuevo y breve triunvirato el Terceto del Aqueronte o Los Ángeles de Charlie.