Punto de Fisión

Duran se va pero poco

En el torneo general de abdicaciones en que anda sumido el país, Duran i Lleida anunció la suya propia la semana pasada, una decisión que ha puesto los pelos de punta al conserje del Palace, a varios camareros y al proveedor oficial de churros de la zona. Duran puede haber flaqueado de muchas cosas a lo largo de su carrera, pero jamás de su compromiso con el Palace. Puede que haya sido el recuerdo de la suite lo que le ha hecho reflexionar, pero al final de lo que ha dimitido Duran es de su idea de dimitir. Va a pensárselo un poco, dice, que es más o menos lo que lleva haciendo toda la vida con Artur Mas, con sus compañeros de partido, con el partido, con Cataluña y con el independentismo. Pensárselo. Un poco.

El problema es qué iba a hacer luego Duran tras renunciar a la política, qué iban a hacer sus compañeros en CiU y, sobre todo, qué iban a hacer los camareros del Palace. De escoger el silencio, Duran seguiría la senda de otros grandes artistas que chaparon de golpe el chiringuito: Rimbaud la poesía, Greta Garbo el cine, Sibelius la música, Bonatti el alpinismo. Casi todos se callaron muy jóvenes, que es el mejor momento para hacer mutis, porque con canas y con calva encima, la cosa, más que un abandono, parece una extremaunción. A Duran le está pasando lo que a Antoñete, que se retiraba de los ruedos el tiempo en que tardaban en crecerle las facturas, se dejaba otra vez la coleta, mataba unos cuantos toros, le hacían un homenaje en el que lloraba un poco y se recogía otra vez hasta que le reclamaban no los aficionados sino los acreedores. "Me voy para siempre" decía Antoñete. "Hasta la próxima, maestro" le decían los monosabios de Las Ventas, que ya le iban conociendo los terrenos.

Tengo yo un amigo, poeta por más señas, que más o menos cada dos años amenaza con desertar de la poesía pero, al cabo de cierto tiempo, le empieza a temblar la muñeca, recibe mensajes telegrafiados de las musas y más tarde o más tempano se pone a escribir un poema. "La poesía es una pasión, una fiebre, una mala mujer" dice para excusarse. La política debe de ser algo parecido aunque con dinero por en medio. No es lo mismo dejar atrás a una señora millonaria que a una vagabunda borracha que sólo te da disgustos y renglones.

Más que a Antoñete y a los poetas malditos, a quien de verdad se parece Duran es a Steven Soderbergh, que lleva ni se sabe ya el tiempo anunciando su retirada del cine y, cada vez que se publica la noticia, estrena otra película. Generalmente peor que la anterior, lo cual tiene mucho mérito. Más de un crítico ha dicho que Soderbergh no ha abandonado el cine sino que fue el cine el que lo abandonó a él casi desde el momento en que se colocó detrás de una cámara. La abdicación de Duran ha durado tres días, el tiempo que ha tardado en sentir sudores fríos. Si llega a volver más rápido, se encuentra consigo mismo en la puerta giratoria del Palace. Para la próxima abdicación le regalan una cubertería.