Punto de Fisión

Pablo Iglesias estuvo aquí

Todas las semanas me hago el firme propósito de no escribir sobre Podemos pero es que no hay manera. Va a tener razón Esperanza Aguirre cuando dice que Monedero es un genio de la propaganda al estilo de Goebbels, aunque la buena señora todavía no se ha dado cuenta de que últimamente la campaña se la está haciendo gratis ella. Cada vez que abre la boca, hala, otro montón de votos para los perroflautas. Ya no le bastan las comparaciones con Fidel Castro, Chávez y Maduro; ahora se retrotrae hasta Hitler buscando semejanzas entre el bigotito de Charlot y la coleta de Pablo Iglesias. Lo de Hitler, dicho sea de paso, es munición peligrosa, porque no se sabe que Aguirre haya condenado nunca el nazismo, ni menos aun que lo haya demostrado donando parte de su inmenso patrimonio a las víctimas del Holacausto. Lo que sería ya épico es que condenara el franquismo, su ideología favorita después de las mechas de peluquería. Lo mismo un día lee un libro y se entera de que Hitler y Franco fueron pareja de hecho durante la guerra civil.

Una de dos, o el asesor de Aguirre es un mapache con mucho tiempo libre o es el propio Monedero disfrazado de mapache, como los animadores de Disneyworld. Esta semana le ha tocado a Hitler, la que viene le tocará a Lenin, la otra a Pancho Villa, y para dentro de un mes ya la estaremos oyendo decir que Pablo Iglesias tiene un aire a Robespierre o que se parece a Gengis Khan cuando achina los ojos. No quiero dar ideas pero los conquistadores mongoles también llevaban coleta y fíjate cómo dejaron el continente a fuerza de lucirla a caballo. La estrategia consiste en una versión del Busca a Wally pero por toda la historia universal y, en lugar de gafas y traje a rayas, rastreando coleta y perilla. Los ideólogos del PP (es decir, los que le dan de comer al mapache) ya tienen pesadillas ubicando a los diversos Pablemos que han ido jodiendo la historia humana. La hambruna en Irlanda, la noche de San Bartolomé, el circo romano, la matanza de los inocentes, la primera glaciación y la deriva de los continentes. En cada uno de esos escenarios apocalípticos se encuentra, abajo a la izquierda, el mismo garabato inconfundible: Pablo Iglesias estuvo aquí.

Para ayudarla en esta agotadora tarea de difamación del adversario político, Aguirre cuenta ahora con otro aliado recién incorporado, Pedro Sánchez, el nuevo geyperman del PSOE. Las bases, que son muy básicas, han decidido renovar el partido apostando por un tipo que estuvo personalmente implicado en la estafa monumental de Bankia, que votó primero a favor de los sueldos estratosféricos para los directivos y luego en contra de investigar las causas de la quiebra financiera. Más psocialista no se puede ser; Sánchez llegará lejos porque otros líderes, como Felipe González, culminaron su carrera política más o menos donde este chaval la empieza. Los socialistas siguen eligiendo candidato por la cara, como si en vez de a unos comicios se presentaran a un casting. Para cuando el partido termine de renovarse, el único problema va a ser distinguirlo de la extrema derecha. De momento, a Sánchez, que no ha hecho más que empezar, ya cuesta distinguirlo de Aguirre: dice que si Podemos sale victorioso, podría llevar a España a una crisis como la del 29. Habrá que hacerle caso porque en cuestión de pillajes y desfalcos bancarios, él ya tiene experiencia de primera mano, que lo de Bankia le pilló sentado encima, como al Coyote sobre el detonador marca ACME. Fue un riesgo que las papeletas no llevaran fotos, porque muchos afiliados podrían haberse equivocado y votar directamente a Blesa.