Punto de Fisión

Un paso al frente

No he leído aún Un paso al frente, la novela de Luis Gonzalo Segura que ha revolucionado el estamento militar, pero no me va a quedar más remedio que leerla. Aunque, después de estar un par de años enfangado en la documentación sobre la guerra de Ifni, lo último que me apetece es leer otra novela caqui. En Todos los buenos soldados, detrás de la trama criminal y la cabeza de turco de Miguel Gila, pululan la codicia insaciable y los apaños típicos de una colonia franquista en zona fronteriza: tráfico de kif, tráfico de alcohol, nepotismo, negocios bajo cuerda. De fondo, la casi increíble historia del cargamento de putas que los generales hicieron traer de Canarias para distraer a la tropa, una epopeya celestinesca digna de García Márquez que no me atreví a sacar más que de refilón porque la realidad casi siempre se pasa de frenada.

En cambio, en la novela de Segura los trapicheos, las corruptelas, los manejos y abusos son estrictamente contemporáneos. Él ya se temía que la novela podía costarle caro, ante todo porque es teniente del ejército y los mandos iban a pensar que se trataba, más que de una novela, de un reportaje. Efectivamente, es lo que han pensado y por eso el novelista ha sido condenado a dos meses de prisión militar y a la pérdida de su destino dentro del ejército. El destino. Cuando leí la noticia de inmediato recordé un fragmento de mi novela, casi al comienzo: "En noviembre de 1957 el tópico terminó de perfilarse cuando se presentó voluntario a la Legión y le notificaron que, en efecto, Marruecos sería su destino. Y en ningún lugar como el ejército –pensó– la palabra 'destino' tenía un significado tan preciso".

Segura escribió su propio destino desde el título de su libro: un paso al frente es el modo en que un soldado se presenta voluntario. Cuando en España todavía se ejercía esa esclavitud napoleónica llamada servicio militar, el consejo primordial que daban padres, tíos, familiares y amigos que ya habían pasado por tan curiosa experiencia era siempre el mismo: no te presentes voluntario ni para mear. No alces la mano, no digas nada, no te destaques, no sobresalgas, que no se fijen en ti ni para lo bueno ni para lo malo. Sé uno con el montón, mimetízate, que para eso está el uniforme y por eso se llama así. Pero Segura vio a su alrededor cosas que no le gustaron nada, entre ellas, la distinción clasista entre las diversas escalas de oficiales, los abusos arbitrarios de poder o un inventario de material informático donde había un desfase de cinco milones de euros. Lo denuncia, espera que se haga una auditoría, pero no sucede nada. Entonces escribe una novela y lo condenan a prisión: una crítica literaria de lo más contundente.

Entre la modorra, el despiste y la genuflexión habitual en los medios, la noticia ha pasado prácticamente desapercibida, a pesar de que Segura ha elevado las apuestas al iniciar una huelga de hambre. Por esos caprichos que tienen los números, este texto coincide con el aniversario del levantamiento militar contra la república. En la entrevista que concedió a Luis Giménez San Miguel unos meses atrás en este mismo diario, dice que la sensación al entrar en el cuartel es la de regresar atrás, al siglo XX, a un mundo absurdo y represor, el mismo que ha destripado en su novela y el mismo que ha molestado tanto a esos mandos que piensan que los trapos sucios se lavan en casa. O mejor no se lavan nunca.

Yo tuve una sensación parecida en el verano de 1989, cuando, después de varias prórrogas, entré en el cuartel de ingenieros en Burgos y vi en una placa las palabras mágicas: "Todo por la patria". De inmediato recordé el epigrama del doctor Johnson: "la patria es el último refugio de los canallas". Luego, supongo que al igual que Segura, durante mi estancia en el ejército terminé encontrando de todo: gente aprovechada y gente honesta, gente justa y gente injusta, militares de opereta y militares a carta cabal, como aquel brigada del Gobierno Militar que fumaba en pipa, jugaba al ajedrez y acabó siendo el modelo para mi comandante Ochoa. Creo que es por gente como ellos que Segura ha escrito este libro, para que en la oscura maquinaria del ejército entre también la luz y haya lugar para todos los buenos soldados.